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Santo del día

S. Vicente, m.o.; Vicente Pallotti; Gaudencio; Anastasio el Persa; Domingo de Sora; Bta. Laura Vicuña

Santo del día

II del T.O. 2ª del salterio 1Sam 24,3-21 / Sal 56 / Mc 3,13-19


 



Primera Lectura: 1Samuel 24,3-21


En aquellos días, Saúl, con tres mil soldados de todo Israel, marchó en busca de David y su gente hacia las Peñas de los Rebecos; llegó a unos apriscos de ovejas junto al camino, donde había una cueva, y entró a hacer sus necesidades. David y los suyos estaban en lo más hondo de la cueva, y le dijeron a David sus hombres: «Este es el día del que te dijo el Señor: “Yo te entrego tu enemigo”. Haz con él lo que quieras». Pero él les respondió: «¡Dios me libre de hacer eso a mi señor, el ungido del Señor, extender la mano contra él!». Y les prohibió enérgicamente echarse contra Saúl, pero él se levantó sin meter ruido y le cortó a Saúl el borde del manto, aunque más tarde le remordió la conciencia por haberle cortado a Saúl el borde del manto. Cuando Saúl salió de la cueva y siguió su camino, David se levantó, salió de la cueva detrás de Saúl y le gritó: «¡Majestad!». Saúl se volvió a ver, y David se postró rostro en tierra rindiéndole vasallaje. Le dijo: «¿Por qué haces caso a lo que dice la gente, que David anda buscando tu ruina? Mira, lo estás viendo hoy con tus propios ojos: el Señor te había puesto en mi poder dentro de la cueva; me dijeron que te matara, pero te respeté y dije que no extendería la mano contra mi señor, porque eres el ungido del Señor. Padre mío, mira en mi mano el borde de tu manto; si te corté el borde del manto y no te maté, ya ves que mis manos no están manchadas de maldad, ni de traición, ni de ofensa contra ti, mientras que tú me acechas para matarme. Que el Señor sea nuestro juez. Y que él me vengue de ti; que mi mano no se alzará contra ti. Como dice el viejo refrán: “La maldad sale de los malos”, mi mano no se alzará contra ti. ¿Tras de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién vas persiguiendo? ¡A un perro muerto, a una pulga! El Señor sea juez y sentencie nuestro pleito, vea y defienda mi causa, librándome de tu mano». Cuando David terminó de decir esto a Saúl, Saúl exclamó: «Pero, ¿es esta tu voz, David, hijo mío?». Luego levantó la voz, llorando, mientras decía a David: «¡Tú eres inocente, y no yo! Porque tú me has pagado con bienes, y yo te he pagado con males; y hoy me has hecho el favor más grande, pues el Señor me entregó a ti y tú no me mataste. Porque si uno encuentra a su enemigo, ¿lo deja marchar por las buenas? ¡El Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo! Ahora, mira, sé que tú serás rey y que el reino de Israel se consolidará en tu mano».


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Salmo responsorial: Salmo 56,2.3-4.6.11


 


Misericordia, Dios mío, misericordia.


 


Misericordia, Dios mío, misericordia, que mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas, mientras pasa la calamidad.


 


Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí. Desde el cielo me enviará la salvación, confundirá a los que ansían matarme, enviará su gracia y su lealtad.


 


Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. Por tu bondad que es más grande que los cielos, por tu fidelidad que alcanza a las nubes.
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Evangelio: según san Marcos 3,13-19


En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –Los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.


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Reflexión: Llamados personalmente


La elección de los doce forma parte del propósito de Jesús de congregar junto a sí a un grupo de discípulos, a los que instruirá en los misterios del Reino y, tras el escándalo de la cruz, convertirá en testigos de su resurrección y enviará a todo el mundo a anunciar el Evangelio. El relato subraya la importancia del hecho: tiene lugar «en el monte», lugar de la proximidad de Dios y donde Dios se revela; atribuye la elección a la voluntad enteramente gratuita de Jesús: «a los que él quiso»; y alude a la respuesta de los elegidos: «ellos se fueron con él». La elección es personal, como muestra la lista de sus nombres; y los llama a una comunión de vida consigo: «para que estuvieran con él», a una verdadera comunión de vida, y a participar de su misión: «para enviarlos a predicar». Los lectores del evangelio de Marcos sabrán así que la comunidad de la que forman parte, fundada por alguno de los apóstoles, tiene su fundamento último en Jesucristo y recibe de él la fuerza vital y el Espíritu que la anima. Una conciencia que podemos compartir todos los miembros de las Iglesias particulares que formamos la Iglesia universal.


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