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Santo del día

Sta. Cecilia, m.o.; Salvador Lilli; Filemón; Marcos; Mauro; Rogerio

Santo del día

XXXIV del T.O. 2ª del salterio Ap 14,14-19 / Sal 95 / Lc 21,5-11


 



Evangelio: según san Lucas 21,5-11


En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida». Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo».


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Reflexión: Templos del Espíritu


El templo constituía para el judaísmo de tiempos de Jesús la institución fundamental. Era considerado el lugar por excelencia de la presencia de Dios donde se ofrecían los sacrificios, expresión del reconocimiento de esa presencia y medio de la reparación por los pecados del pueblo. Su importancia explica la magnificencia del edificio y de su ornamentación. Su destrucción, de acuerdo con textos proféticos, era interpretada como la desaparición de la gloria de Dios de ese lugar, y el castigo del pueblo por su infidelidad a la alianza. Jesús ya había anunciado en la conversación con la samaritana que con él ha llegado el momento en que el verdadero culto al Padre no está ligado a ningún lugar sagrado, porque ha de hacerse «en espíritu y en verdad». A la revelación de Dios como Padre, que tiene lugar en Jesús, el Hijo, corresponde una nueva forma de adoración y culto en que todos sus miembros seamos «templos del Espíritu».


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