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Santo del día

S. Josafat, m.o.; Millán; Nilo; Renato

Santo del día

XXXII del T.O. 4ª del salterio 3Jn 5-8 / Sal 111 / Lc 18,1-8


 



Evangelio: según san Lucas 18,1-8


En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”». Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».


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Reflexión: ¿Encontrará Jesús esta fe en la tierra?


Jesús propone la parábola para inculcar a los discípulos la necesidad de «orar siempre sin desfallecer». Naturalmente, con «siempre» no se puede recomendar una oración ininterrumpida. Lo que recomienda es una oración que acompañe el discurrir de la vida como expresión de la actitud creyente, raíz de la actitud orante de la que debe surgir. ¿Quién es el protagonista de la parábola, el juez inicuo o la viuda? Sin duda esta última, figura ejemplar del desvalimiento por el que el evangelio de Lucas siente predilección. Pero en el razonamiento del texto desempeña un papel importante la figura del juez: si hasta un juez así se deja doblegar por la insistencia de la viuda, ¿cómo Dios, la justicia misma y Padre misericordioso, no hará justicia a sus hijos que acuden a Él con una oración perseverante? La proximidad de los textos sobre el final de los tiempos confiere una especial importancia a la pregunta con que termina el texto. La recomendación de la oración contiene una implícita recomendación de la actitud creyente de la que la oración brota. Pero hay muchas formas de creer: la de los «hombres de poca fe», y la del centurión y la mujer cananea. La viuda de la parábola es un ejemplo de fe perseverante. ¿Encontrará el Señor en la tierra cuando vuelva una fe así? ¿La encontrará en nosotros?


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