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Santo del día

San Antonio María Claret

Santo del día

Nació el 23 de diciembre de 1807 en Sallent (Barcelona). Sus padres se llamaban Juan Claret y Josefa Clará y eran dueños de un taller textil. Vive una niñez y una adolescencia apasionantes: «Las primeras ideas que tengo en la memoria –confiesa él mismo– son que cuando tenía cinco años, estando en la cama, en lugar de dormir pensaba en la eternidad, pensaba: "Siempre, siempre, siempre"». Después de acabar los estudios, y después de unas profundas experiencias humanas, «desengañado, fastidiado y aburrido del mundo, pensé en dejarlo y huir a la soledad, meterme a cartujo». Enterado el obispo de Vic le invita a entrar en el seminario como externo. Al concluir su primer año intenta entrar en la cartuja de Monte Alegre, pero siente que no es para él, por lo que continúa en el seminario.


Fue ordenado sacerdote en 1835, con cargo pastoral en su pueblo natal. Hace el noviciado en la Compañía de Jesús de Roma, pero una dolencia en la pierna le impide continuar y regresa a España. Ya en su tierra, transforma los esquemas tradicionales de devoción (novenas, octavarios, etc.) en misiones, prohibidas por el gobierno, que ve en ellas propaganda de corte carlista. Las muchedumbres, por su fama de taumaturgo, se agolpan en torno a él. Comienza su misión itinerante por Cataluña, recorriendo numerosísimas localidades. Acusado de potenciar el movimiento carlista, el recién nombrado obispo de Canarias lo invita a irse con él, donde quedará misionando durante catorce meses. Vuelve a la Península y en 1849 funda, con un grupo de sacerdotes, la Congregación de Misioneros Hijos del Corazón de María (claretianos), que hoy cuenta con más de 3000 miembros extendidos por todo el mundo. También ayuda a la fundación de las Carmelitas de la Caridad de la madre $Joaquina de Vedruna.


Es nombrado arzobispo de Santiago de Cuba, diócesis con graves problemas sociales y eclesiales. Se dedica plenamente a la pastoral, llenando la isla de hojas y libros informativos. Apacigua varias insurrecciones independentistas y colabora con los afectados por la peste y los terremotos que se dieron en aquellos años. Revitaliza el seminario y emprende la renovación del clero, al tiempo que favorece la creación de nuevas comunidades religiosas. En el año 1855, junto con la madre Antonia París, funda el Instituto de las Religiosas de María Inmaculada (claretianas), dedicado a la educación cristiana de las jóvenes. Su preocupación por los pobres le lleva a repartir gran parte de su peculio como obispo y a fundar instituciones promocionales como cajas de ahorro, bibliotecas populares y una granja escuela. Por su lucha en contra de la esclavitud es herido por un asesino a sueldo y padece diversos atentados.


En el año 1857 la reina Isabel II lo nombra su confesor, cargo que acepta con la condición de tener tiempo para sus tareas apostólicas. Son famosas sus predicaciones en Madrid y la promoción de los seglares, así como su preocupación por los pobres. Es nombrado protector de la iglesia de Montserrat y presidente del patronato real de El Escorial, transformados en centros de espiritualidad y promoción social. Sufre una campaña de difamación y es atacado desde distintos lados: por su influjo en la corte, por su papel en el patronato y por sus actuaciones con las masas. Se teje en torno a él una literatura satírica y burlesca que ha llegado en forma de leyenda negra hasta nuestros días.


Destronada la reina, acompaña a la familia real a su exilio en París, donde aprovecha todas las oportunidades para continuar su misión con los emigrantes y religiosas españolas. En Roma participa activamente en el concilio Vaticano I defendiendo ardientemente la infalibilidad pontificia. Enfermo, marcha a Francia, donde es acogido en el monasterio cisterciense de Fontfroide, donde el 24 de octubre de 1870 fallece. El 25 de febrero de 1934 es beatificado por Pío XI y el 7 de mayo de 1950 canonizado por Pío XII. Su fiesta litúrgica se celebra el 24 de octubre.


Antonio Mª Claret es una persona fascinada y polarizada por la misión. Vive la experiencia de los profetas: «Había muchos pasajes de los profetas que me hacían tan fuerte impresión que me parecía que oía una voz que me decía a mí lo que leía». De esta conciencia nace su espiritualidad, menos preocupada por la perfección personal que por la fidelidad a la misión. Su relación personal con el Señor, con María, sus experiencias eucarísticas, las virtudes que pretende, todo viene determinado por la misión evangelizadora. De esta condición de profeta nacen sus persecuciones.


Antonio Claret es un hombre de la palabra: es el discípulo de la Palabra, acogida, asumida, contemplada, orada y proclamada. La suya es una espiritualidad marcadamente bíblica. Se convierte en un gran difusor de la Biblia. Claret derrocha la palabra, da la impresión de que sufre una especie de obsesión por predicar, confiesa que no puede callar. Es incansable en el ministerio de la palabra escrita: escribió más de doscientos libros, escribe para todos los públicos, difunde en cantidad asombrosa para su tiempo y encauza hacia este destino una buena parte de sus ahorros.


Nuestro santo es un «místico de la acción». La acción no es para él viento peligroso que apaga la llama débil de su vitalidad interior, sino que aviva el fuego de su hoguera. La acción es para él el lugar sagrado de encuentro con el Señor, donde experimenta su presencia. Quiere ser, al mismo tiempo, Marta y María. El mismo Pío XII, en su canonización, destaca este rasgo identificador: «Siempre en la presencia del Señor aun en medio de su prodigiosa actividad exterior».


La fantasía que derrochó con los nuevos modelos textiles se convierte en fuente de inspiración de sus múltiples y novedosas actividades apostólicas. Es un hombre que crea, porque es un hombre que cree de verdad: su creatividad apostólica es asombrosa, va dando respuesta a los nuevos desafíos. Se adelanta a los tiempos modernos y al Vaticano II en el movimiento bíblico; en tiempos de total pasividad laical promueve decididamente el apostolado seglar: «En estos últimos tiempos parece que Dios quiere que los seglares tengan una gran parte en la salvación de las almas». Funda organizaciones apostólicas como las bibliotecas populares parroquiales, la Academia de San Miguel y la Archicofradía del Corazón de María, organizaciones en las que el protagonismo corresponde a los seglares. Promueve la recuperación del ministerio de las diaconisas, proyecto que fracasa por la prohibición del arzobispo de Tarragona. Funda las Religiosas en sus casas (hoy Filiación Cordimariana), una forma moderna de vida religiosa precursora de los modernos institutos seculares. Crea la granja modelo, las cajas rurales, instituciones promocionales en favor de los niños desamparados y los campesinos pobres. Se adelanta a los modernos institutos seculares de sacerdotes promoviendo la comunidad de pastores. Funda también la Librería religiosa para promover la prensa.


La evangelización que realiza está llena de lucidez y realismo, sirviéndose de los medios modernos: «Mérito característico suyo –dice Pío XI– es haber unido en un solo haz la predicación evangélica, el apostolado de la caridad, la organización misionera y la entrega a la pastoral de medios de comunicación, con el empleo más amplio, más moderno, más vivaz, más genial y más popular del libro, del folleto, de la hoja volante». Cuando emprende el ministerio itinerante organiza equipos de misioneros que se reparten el trabajo y sirven a distintos sectores del pueblo de Dios. Es flexible en el uso de los medios: lo único que le importa es que el mensaje del evangelio llegue al hombre y le libere. Incita a los misioneros hacia nuevas fronteras, tanto geográficas como pastorales, les aconseja que «se valgan de todos los medios». Su apostolado es un apostolado organizado, colectivo y eclesial. Una nota característica de sus fundaciones es la corresponsabilidad en la que se articulan la acción de sacerdotes, seglares y religiosos.


A Claret le corresponde vivir en tiempos caóticos y revolucionarios, tiempos de cambio que requieren mucho equilibrio. Antonio Mª tiene los pies en el suelo, evangeliza desde las posibilidades que hay a su alcance. Desde el comienzo de su ministerio se ha propuesto encarnar la vida profética de Jesús y sus apóstoles, lo que él llama «vivir a la manera apostólica»: ir siempre a pie de pueblo en pueblo, acercarse a la gente humilde y sencilla, ejercer gratuitamente el ministerio, vivir de limosna y en total pobreza; no tiene nunca casa propia, en las comidas es de una austeridad llamativa. Sus grandes aspiraciones son «morir en un hospital como pobre o en un cadalso como mártir», y muere en el destierro, expoliado incluso de su fama. Todo cuanto ahorraba lo dedicaba para ayudar a los pobres, a la difusión de la buena prensa y a las necesidades de la Iglesia.


Se siente especialmente llamado a anunciar el evangelio a los pobres: «La multitud de pobres me comen vivo», escribe el 1 de octubre de 1857. La visita a los enfermos, a los presos y a los establecimientos de caridad formaba parte de su vida cotidiana.


En una mirada superficial a la personalidad de Claret resalta su dimensión ascética: es un hombre ordenado y metódico, todo tiene un tiempo prefijado, elabora un detallado plan de vida según el cual no queda tiempo para la improvisación. Sin embargo, es un místico con rostro de asceta: llega a tener experiencia de todos los fenómenos sobrenaturales, resaltando de un modo especial, en los últimos años de su vida, la permanencia continua de las especies sacramentales en su pecho. A la apariencia predominantemente ascética de Claret contribuye su gran reserva, su pudor y también su torpeza para expresar su interioridad e interpretar los fenómenos místicos.

San Luis Guanella

Santo del día

Luis Guanella nació en Fraciscio di Campodolcino en Val San Giacomo (Sondrio, Italia) el 19 de diciembre de 1842. La familia de Guanella estaba formada por su padre, Lorenzo, severo y autoritario, durante 24 años alcalde de Campodolcino bajo el gobierno austríaco y después de la unificación (1859); por su madre, María Bianchi, dulce y paciente; y por 13 hijos, que alcanzaron casi todos la edad adulta. A los doce años, Luis consiguió un puesto gratuito en el colegio Gallio de Como y prosiguió los estudios en los seminarios diocesanos (1854-1866). Su formación cultural y espiritual es la de los seminarios lombardo-vénetos, por largo tiempo bajo el control de los gobernantes austríacos. Su plan de formación, atento a los aspectos pastorales y prácticos, mantuvo al joven seminarista y sacerdote muy cerca del pueblo y en contacto con la vida que llevaba. En el seminario adquirió familiaridad con el obispo de Foggia, Bernardino Frascolla, preso en la cárcel de Como y, después, con arresto domiciliario en el seminario (1864-1866), y se dio cuenta de la hostilidad reinante en las relaciones entre el Estado italiano y la Iglesia. Este obispo ordenó sacerdote a Guanella el 26 de mayo de 1866.


Comenzó con entusiasmo su vida pastoral en Valchiavenna (Prosto, 1866 y Savogno, 1867-1875) y, después de un trienio asociado a los salesianos, regentó una parroquia en Valtellina (Traona, 1878-1881), pocos meses en Olmo y, por fin, en Pianello Lario (Como, 1881-1890). Desde sus comienzos en Savogno puso de manifiesto sus inclinaciones pastorales: la educación de jóvenes y adultos, la promoción social, moral y religiosa de sus parroquianos, la defensa del pueblo, incluso en polémica con los liberales, y la atención privilegiada a los más pobres. No dejaba de protestar cuando veía que las autoridades civiles frenaban o contrariaban injustamente su ministerio, de modo que pronto fue catalogado entre los sujetos peligrosos («ley de sospechosos»), especialmente a partir de la publicación de un librito polémico (Saggio di ammonimenti familiari per tutti, 1872). Mientras tanto, en Savogno, profundizaba en el trato con don Juan Bosco y en el conocimiento de la obra de José Benito Cottolengo. Invitó a don Bosco a abrir un colegio en el valle; pero, al no poder realizar su proyecto, Guanella pasó algún tiempo en Turín (permaneció tres años con don Bosco; se había unido con votos trienales a la congregación salesiana).


Reclamado a la diócesis por su obispo, abrió en Traona un colegio de inspiración salesiana, pero, dados los obstáculos, tuvo que cerrarlo. Se puso a disposición del obispo con espíritu de obediencia. Enviado a Pianello, se dedicó a la asistencia de los pobres reemplazando el hospicio fundado por su predecesor don C. Coppini. Organizó un grupo de ursulinas en una nueva congregación religiosa (Hijas de Santa María de la Providencia) y con su ayuda puso en marcha la Casa de la Divina Providencia en Como (1886), para la que se sirvió de la colaboración de sor Marcelina Bosatta y de la hermana Clara. La Casa pronto tuvo un rápido desarrollo y, junto a la rama femenina, se fue organizando la masculina (congregación de los Siervos de la Caridad). La obra, apoyada también por el cardenal Andrés Carlos Ferrari, también se extendió en seguida fuera de la ciudad.


El 28 de marzo emitió los votos religiosos con sus primeros compañeros. La comunidad recibiría la aprobación canónica de la Santa Sede en 1928 y la definitiva de la constitución en 1935. La atención a un grupo social concreto de necesitados distingue la acción de Guanella de la de don Bosco: son los niños y los jóvenes, los ancianos abandonados, los marginados, los disminuidos psíquicos (pero también ciegos, sordomudos y minusválidos). Se trata de un colectivo social intermedio entre los jóvenes de don Bosco y los incurables del Cottolengo.


En los dos últimos años de su vida, Guanella dictó unas memorias, Le vie della Provvidenza, una especie de autobiografía en la que expuso las vicisitudes de su misión caritativa, y dejó algunas confidencias explicando a sus hermanos la obstinada insistencia en su elección, a pesar de las muchas contrariedades, de una misión que creía fundada en la llamada de Dios y en su Providencia.


Don Guanella escribió mucho. Mientras estaba en la parroquia publicó 41 títulos en 45 pequeños volúmenes, de contenido pastoral, hagiográfico e histórico, para la edificación del pueblo. Cuando se dedicó a las obras de caridad redactó, para la formación de sus discípulos, sacerdotes y religiosas, reglamentos, estatutos, reglas, constituciones y cartas circulares. Se conservan además 3.200 cartas escritas por él. Publicó la revista mensual La Divina Provvidenza. El anuncio bíblico de la paternidad de Dios constituye para Guanella una experiencia personal profunda, de carácter místico, y da a su misión una dimensión específica y cualificada. Es una experiencia que quiere participar especialmente a los más pobres y abandonados: Dios es padre de todos y no olvida ni margina a sus hijos. Son notables sus escritos: Andiamo al Padre (1880) e Il Fondamento (1885). Sus casas se organizan coherentemente en estructuras a medida del hombre, con espíritu de familia (cf Regolamento dei Servi della Carità, 1905). La guía y dirección de todo son confiadas al «Dios que actúa». En esta línea espiritual guió a la discípula beata sor Chiara Bosatta, fruto de su arte de educador y de director espiritual.


Luis Guanella murió el 24 de octubre de 1915. Fue proclamado beato por Pablo VI el 25 de octubre de 1964 y canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2011. Su cuerpo es venerado en el santuario del Sagrado Corazón en Como. En las numerosas representaciones pictóricas, don Guanella aparece generalmente entre los pobres, a menudo entre minusválidos o ancianos.

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