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Santo del día

Santa María Bertilla

Santo del día

Nacida en una familia de modestos agricultores el 6 de octubre de 1888 en la pequeña comarca de Gioia di Brendola, en la provincia de Vicenza (Italia), Ana Francisca tomó el nombre de María Bertilla al hacer la profesión religiosa. Frecuentó la escuela solamente los primeros años y pasó la adolescencia cultivando los campos y trabajando como criada en las casas del poblado. Encariñada con la vida de la parroquia, formó parte de la Pía Unión de las Hijas de María enseñando el catecismo a los niños de su pueblo natal. Desde joven se caracterizó por su espiritualidad mariana. Como Pío XII subrayó en la homilía de la beatificación, apreció particularmente el catecismo y lo llevaba siempre consigo.


Tras la decisión de abrazar la vida religiosa, siguió el consejo de su párroco y entró el 8 de abril de 1905 en la casa vicentina de las Maestras de Santa Dorotea, hijas de los Sagrados Corazones. Los primeros tiempos de la vida religiosa los dedicó a humildes y fatigosas tareas en favor de la comunidad. La congregación prestaba su servicio en el hospital, por lo que María Bertilla, tras haber terminado su período de noviciado, fue enviada como aprendiza al hospital de Treviso. Durante aquel período consiguió el diploma de enfermera y trabajó duramente en el hospital en turnos de noche. En este ambiente, con su ejemplo y su caridad, logró atraer a muchos enfermos a la fe.


En 1910, a la edad de 22 años, tuvo que someterse a una operación para extraerle un tumor. Después de la convalecencia reanudó su habitual servicio. La I Guerra mundial hizo del hospital de Treviso, no muy distante del frente de combate, uno de los puntos de concentración de militares y civiles heridos. Tras los bombardeos, el hospital hubo de ser evacuado y María Bertilla con sus hermanas siguió a los enfermos en sus traslados, primero a Brianza, en Villa Raverio, y después a los alrededores de Como, en Viggiù. Y fue allí donde entre María y la superiora, que gozaba del apoyo de los médicos, se creó un clima de incomprensión que terminó con la destitución de María del contacto directo con los enfermos. Reclamada en Treviso, retomó su puesto en el hospital, pero el tumor, que se había reproducido y la obligaba a soportar fuertes dolores y a guardar cama, dejándola en un estado de gran debilidad. Operada de nuevo, murió el 20 de octubre de 1922.


La experiencia de Boscardin es emblemática de un aspecto del catolicismo rural véneto que encuentra en la vida religiosa el medio para conseguir esa elevación espiritual y social testimoniada en las páginas de su Diario espiritual, editado por una hermana suya y publicado en 1952. La actitud laboriosa y humilde, la soportación del sufrimiento físico y moral, encuentran en la contemplación del sufrimiento de Jesús su propio fundamento.


La participación popular en el funeral impresionó a sus contemporáneos y su tumba, inicialmente colocada en el cementerio de Treviso, se convirtió en meta de incesantes peregrinaciones. Un año después de su muerte sus restos fueron trasladados a Vicenza, a la capilla de la casa madre, sobre cuyos muros se han acumulado progresivamente los signos de las gracias recibidas por intercesión de la santa. Completados los procesos informativos, la causa fue incoada en Roma el 21 de mayo de 1935 y la heroicidad de las virtudes fue decretada el 31 de julio de 1939. La beatificación fue realizada por Pío XII el 8 de junio de 1952 y la canonización el 11 de mayo de 1961, durante el pontificado de Juan XXIII.

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