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Santo del día

San Calixto I

Santo del día

Obispo de Roma entre el 217 y el 222, Calixto, que había nacido en Roma, fue el antagonista de Hipólito en el célebre enfrentamiento que opuso por primera vez en la historia de la Iglesia a un papa con un antipapa, jefes de comunidades rivales, en temas de doctrina y de eclesiología: por una parte el papa Calixto, representante de tendencias monarquianas en materia cristológica y de concepciones eclesiológicas moderadas y tolerantes, abiertas a las exigencias de un cristianismo en fuerte expansión; por la otra, Hipólito, defensor de la teología del Logos, cabeza de un grupo rigorista, con posiciones de tipo milenarista y apocalíptico hostiles a todo entendimiento con el mundo. En este clima cismático deben enmarcarse las detalladas noticias dadas por Hipólito sobre la biografía y la actividad pública y privada de Calixto en el polémico contexto de los Philosophoumena o Refutatio omnium haereseum, tratado de confutación de todas las doctrinas «heréticas» de su tiempo. Según Hipólito, el papa Calixto habría sido protagonista de una insólita carrera: esclavo del liberto imperial Carpóforo, gestor por encargo de este de un banco que termina en la ruina y condenado por esto a una pena infamante, excarcelado y procesado nuevamente como autor de desórdenes, deportado a las minas de Cerdeña por su condición de cristiano, puesto en libertad junto con los confesores agraciados por intercesión de Marcia ante el emperador Cómodo, confiado al papa Víctor I y enviado a Anzio con un sueldo mensual (verosímilmente como retribución a una función eclesiástica), llamado a Roma por el papa Ceferino, encargado de la gestión del cementerio que llevaría más tarde su nombre, y, finalmente, nombrado sucesor de este en la sede romana (Ref. omn. haer. IX, 12).


Hipólito condena duramente los actos oficiales y las medidas de carácter disciplinar tomadas por Calixto, acusado de ser «mal» obispo por sus errores y dudas doctrinales, por el laxismo en materia disciplinar, por la indiscriminada concesión de perdón, por la tolerancia con comportamientos ilícitos, por el ejercicio de poderes ilimitados, por la mundanidad de su conducta, por las demagógicas concesiones a cambio del incremento de las conversiones y por la acogida reservada –a través de la práctica de la repetición del bautismo– de miembros de la comunidad rival alejados por indignidad.


Las lógicas internas de una polémica exasperada entre posiciones irreconciliables y divergentes sobre los presupuestos mismos de la vida cristiana, explican los tonos y contenidos de las noticias de Hipólito sobre Calixto, de quien se dispone de diferentes fuentes: Tertuliano le atribuye al parecer un edictum perentorium de perdón para los culpables de adulterio y de fornicación; la breve biografía del Liber Pontificalis (I, 141) recuerda su nacimiento en el barrio Urberavennantium (Trastevere, así denominado porque en él residían las tripulaciones de la flota ravenesa), la institución de un período de ayuno, la erección de una basílica trans Tiberim, la muerte por martirio, la sepultura en el cementerio de Calepodio en la vía Aurelia y la fundación del cementerio que lleva su nombre (las actuales catacumbas de San Calixto).


La localización en el Trastevere del culto a san Calixto está unida a la memoria del martirio con ocasión de una revuelta popular originada tras la muerte del emperador Cómodo, según el relato de una passio romana tardía (s. V?), que narra cómo el papa fue arrojado desde una ventana a un pozo; en el lugar habría surgido, por obra de Julio I (337-352) la basílica (la actual Santa Maria in Trastevere), dedicada a finales del s. VI a los santos Julio y Calixto, y más tarde recordada en biografías papales de los ss. VIII-IX por el Liber Pontificalis como titulus beati Calisti.


El Catálogo Liberiano, la Depositio Martyrum y el Martirologio Jeronimiano ya indican el lugar de la sepultura en el III miliario de la vía Aurelia, en el llamado «cementerio de Calepodio», coprotagonista de la historia narrada en la passio Calisti, mártir en tiempo de Alejandro Severo, que habría sido hallado diez días después de la muerte y sepultado por el mismo papa en esa área sepulcral. En cuanto al célebre cementerio de Calixto, se trata de la misma área confiada a su gestión por el papa Ceferino, según el relato de Hipólito, durante mucho tiempo sepultura de papas y mártires romanos.


La cripta que albergó la tumba de Calixto fue encontrada en a comienzos de los años sesenta del siglo XX: quedan huellas in loco de una serie de intervenciones tendentes a señalar el sitio y a favorecer los actos del culto en el mismo, así como los frescos del s. VIII, que representan escenas del martirio y de la deposición del papa. Algunas biografías del Liber Pontificalis recuerdan la traslación del cuerpo de Calixto, junto con el del mártir Calepodio, a Santa Maria in Trastevere, donde parece que se hallaban hasta comienzos del s. XIII: en la época medieval se produce una cierta fragmentación de las reliquias, que aparecen presentes en iglesias y monasterios del norte de Europa. El de san Calixto es por tanto uno de los más antiguos cultos martiriales documentados en Roma: la efeméride cae el 14 de octubre, según las indicaciones concordes de los primeros martirologios.


La iconografía de Calixto cuenta con un testimonio más antiguo que el de la serie de retratos de San Pablo Extramuros: en la Biblioteca Nacional de París se conserva una imagen clipeada sobre vidrio dorado que se remonta al s. IV. De los frescos del s. VII, con escenas del martirio, de la cripta hallada hace tres decenios en la vía Aurelia, sólo quedan fragmentos. El mosaico absidal de la basílica de Santa Maria in Trastevere, que se remonta al s. XII, lo retrata a la derecha de la Virgen, junto al papa Inocencio I y al mártir san Lorenzo.


La singularidad del martirio (arrojado desde una ventana a un pozo con una piedra atada al cuello) esta representada, también en el s. XII, en el Pasionario de Stuttgart: el pozo, en cualquier caso, a menudo es un atributo presente en la iconografía más tardía de san Calixto. La imagen del rostro con barba corta es constante en las relativamente raras representaciones de época renacentista: cabe recordar la figura, junto a la de santa Catalina de Siena, de la fachada de la catedral de Pienza de Lorenzo di Pietro llamado el Vecchietta. Es una excepción, en cuanto al particular de la barba larga, la imagen de la serie de los retratos papales de la capilla Sixtina, atribuida a fray Diamante (s. XV).

San Bucardo I

Santo del día

Bucardo provenía, como su contemporáneo Bonifacio, de la Inglaterra occidental. Cuando Bonifacio a comienzos del 742, con el apoyo de Carlomagno constituyó tres sedes episcopales para las tres tribus del ex reino carolingio, o sea, Buraburg para los asianos, Erfurt para los turingios y Wurzburgo para los francos orientales, Bucardo obtuvo la sede episcopal de Wurzburgo. Según el relato de las fuentes más antiguas, fue consagrado por Bonifacio y no, como cuentan las Vitae más recientes, por el papa Zacarías en Roma. En cualquier caso, el 21 de octubre del 742, junto con el obispo Vitta de Buraburg, hizo de asistente a su connacional en ocasión de la consagración episcopal de Villibaldo (de Eichstätt). La confirmación de los tres obispos de Buraburg, Erfurt y Wurzburgo por parte del papa Zacarías tuvo lugar con tres atestados del 1 de abril del 743. Cabe suponer que Bucardo fuera reconocido, si no nombrado, por Carlomagno; en todo caso, la diócesis en aquel período obtuvo ricas donaciones por parte de la administración (25 iglesias y un monasterio imperiales, además de consistentes entradas regulares). Siempre en el 743 es atestiguada la presencia de Bucardo en el sínodo de reforma convocado por Carlomagno, el llamado Concilium Germanicum. En el 747 asistía también al sínodo panfranco en el cual los obispos francos añadieron a las actas una solemne profesión de fe en relación con la Iglesia universal y declararon su obediencia a Roma. En calidad de invitado de Bonifacio, tal vez incluso de portador de esta declaración de obediencia, Bucardo fue por primera vez a Roma en el 748. Su segunda permanencia en Roma en los años 750/51 está en relación con la famosa embajada de Pipino al papa Zacarías: con el abad Fulrado de St-Denis, Bucardo debía someter al papa la cuestión; la respuesta debía legitimar la alternancia dinástica entre merovingios y carolingios.


Como primer obispo de Wurzburgo se distinguió sobre todo por dos importantes iniciativas: la fundación del monasterio de San Andrés a los pies del Marienberg como residencia para los canónigos de la catedral, y la elevación, el 8 de julio del 752, de las reliquias de san Chiliano y de sus compañeros, con la consiguiente traslación a la primera catedral sobre el Marienberg (hasta el 788 no fueron trasladadas a la catedral dedicada al Salvador en la orilla derecha del Meno). Cerca de un año más tarde, probablemente el 2 de febrero del 753, murió el obispo. La noticia de su dimisión, consignada en la Vita II, no es sufragada por ninguna de las fuentes más antiguas y, entre otras cosas, a causa de las discordancias cronológicas, no es digna de fe. De los dos manuscritos de la antigua biblioteca de la catedral de Wurzburgo, una recopilación de homilías con textos de Cesáreo de Arles (Wurzburgo, Univ. Bibl. M. p. th. f. 28) y un evangeliario (Wurzburgo, Univ. Bibl. M. p. th. f. 28), sólo este último podría haber llegado a Wurzburgo en su tiempo y por iniciativa suya, pero tampoco esto es seguro. A partir del episcopado del obispo-príncipe Johann Gottfried von Aschhausen (1617-1622) su fiesta se celebra el 14 de octubre, día en que el obispo Hugo hizo transferir, en el 986, sus restos al monasterio de San Andrés, que desde entonces tomó el nombre de Bucardo. En 1552 el monasterio poseía aún como una reliquia el cráneo del santo, que fue puesto al seguro en Marienberg, donde se perdió en 1631 durante el saqueo de los suecos. Su fiesta es el 14 de octubre. Se le representa con vestiduras obispales, báculo y libro (LCI V, 453s).

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