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Santo del día

S. Luis de Francia / S. José de Calasanz, m.l.; Ginés de Arles; Tomás de Hereford

Santo del día

XXI del T.O. 1ª del salterio 1Cor 1,1-9 / Sal 144 / Mt 24,42-51


 



Primera Lectura: 1Corintios 1,1-9


Yo, Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.


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Salmo responsorial: Salmo 144,2-3.4-5.6-7


 


Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.


 


Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.


 


Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas.


 


Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tu justicia.
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Evangelio: según san Mateo 24,42-51


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. En verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».


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Reflexión: Todos, encargados del cuidado de los demás


El texto evangélico forma parte del gran discurso escatológico, es decir, relativo al final de los tiempos, del evangelio de Mateo. Su tema fundamental es una exhortación a la vigilancia, ilustrada con la parábola del mayordomo, encargado fiel y sensato de su casa. ¿Se refiere solo a los que han tenido responsabilidades importantes en su vida? No, sin duda. A todos nos ha confiado el Señor una misión y a todos nos advierte la parábola la necesidad de ser fieles en su desempeño. Llama la atención que, en consonancia con todo mensaje evangélico, la infidelidad se refiera, sobre todo, a la conducta para con los demás. No sería razonable ignorar estas advertencias expresas del Señor al juicio a que han de ser sometidas nuestras vidas. Pero tampoco conviene olvidar que, en el evangelio de Juan, Jesús habla de nuestra muerte como el momento en que él volverá «para llevarnos con él, para que estemos donde él está».


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