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Santo del día

Sta. María Virgen Reina, m.o.; Felipe Benizi; Sigfrido; Bto. Simeón

Santo del día

XXI del T.O. 1ª del salterio 2Tes 1,1-5.11b-12 / Sal 95 / Mt 23,13-22


 



Primera Lectura: 2 Tesalonicenses 1,1-5.11b-12


Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses en Dios, nuestro Padre, y en el Señor Jesucristo. A vosotros gracia y paz de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente y sigue aumentando el amor mutuo de todos y cada uno de vosotros. Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las iglesias de Dios por vuestra paciencia y vuestra fe en medio de todas las persecuciones y tribulaciones que estáis soportando. Así se pone de manifiesto el justo juicio divino, de manera que lleguéis a ser dignos del reino de Dios, por el cual padecéis, para que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y con su poder lleve a término todo propósito de hacer el bien y la tarea de la fe. De este modo, el nombre de nuestro Señor Jesús será glorificado en vosotros y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.


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Salmo responsorial: Salmo 95,1-2a.2b-3.4-5


 


Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.


 


Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.


 


Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.


 


Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles no son nada, mientras que el Señor ha hecho el cielo.
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Evangelio: según san Mateo 23,13-22


En aquel tiempo, habló Jesús diciendo. «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehenna el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo si obliga”! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él; quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él».


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Reflexión: ¿Fariseos en el cristianismo?


Durante tres días la liturgia nos ofrece una larga serie de ayes conminatorios de Jesús contra la conducta degenerada de escribas y fariseos. En todas ellas se repite la acusación de «hipócritas», porque sus hechos no se corresponden con sus palabras, ni sus falsas apariencias con su verdadero ser. Jesús les acusa, además, de que, agolpados a las puertas del reino, obstaculizan al pueblo sencillo su entrada en él. Resulta imposible escuchar las palabras de Jesús sin ver en ellas denuncias de doctrinas y prácticas distorsionadas que se nos cuelan en el cristianismo, han falseado la imagen del Evangelio y han dañado gravemente su crédito ante aquellos a quienes deberíamos testimoniarlo. ¿Cuántos cristianos, con nuestra forma mediocre de vivir el cristianismo, velamos, tal vez, a nuestros contemporáneos, en lugar de irradiarlas, la bondad, la belleza y la alegría del Evangelio y constituimos un obstáculo para la escucha de su mensaje en nuestro mundo?


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