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Santo del día

Maximiliano Mª Kolbe; Eusebio; Mainardo; Virginia; Atanasia; Marcelo de Apamea; Antonio Primaldo

Santo del día

4ª del salterio Jer 38,4-6.8-10 / Sal 39 / Heb 12,1-4 / Lc 12,49-53


 



Primera Lectura: Jeremías 38,4-6.8-10


En aquellos días, los dignatarios dijeron al rey: «Hay que condenar a muerte a ese hombre, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia». Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros». Ellos se apoderaron de Jeremías y lo metieron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua. Ebedmélec abandonó el palacio, fue al rey y le dijo: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado injustamente al profeta Jeremías al arrojarlo al aljibe, donde sin duda morirá de hambre, pues no queda pan en la ciudad». Entonces el rey ordenó a Ebedmélec el cusita: «Toma tres hombres a tu mando y sacad al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera».


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Salmo responsorial: Salmo 39,2.3.4.18


 


Señor, date prisa en socorrerme.


 


Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito.


 


Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos.


 


Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor.


 


Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes.


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Segunda lectura: Hebreos 12,1-4


Hermanos: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

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Evangelio: según san Lucas 12,49-53


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».


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Reflexión: Jesús, signo de contradicción


El texto de hoy contiene algunos de esos «versículos incómodos» del Evangelio, sobre los que se apoyan quienes sostienen que el cristianismo, como el resto de las religiones, son fuente de conflicto y generadoras de violencia en la historia humana. Pero ese apoyo se debe a una lectura literalista del texto, que no responde a su sentido verdadero. Jesús aporta división por la separación que introducirá entre los hombres la opción por él o contra él. Precisamente Lucas ha subrayado desde su narración de la infancia de Jesús el mensaje de paz con el que los ángeles anuncian su nacimiento al mundo: «En la tierra paz a los hombres que ama el Señor». Jesús anuncia e inicia el reino de Dios, pero ese Reino va a encontrar oposición, resistencias y hasta la violencia de los poderes que rigen el mundo. Su primera víctima será el mismo Jesús, que sabe ya en su subida a Jerusalén que allí le espera la pasión y el «bautismo de sangre» de su muerte. Lo mismo anunció Jesús que sucedería a sus discípulos, y estos, cuando lo son de verdad, preferirán con Jesús ser víctimas de la violencia a ejercerla contra otros. Por eso Jesús sigue preguntando a los suyos si serán capaces de beber el cáliz que él bebió para la salvación de todos.


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