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Santo del día

S. Cirilo de Alejandría, m.l.; Nª Sra. del Perpetuo Socorro; Arialdo; Ladislao

Santo del día

XIII del T.O. 1ª del salterio Am 2,6-10.13-16 / Sal 49 / Mt 8,18-22


 



Primera Lectura: Amós 2,6-10.13-16


Esto dice el Señor: «Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, no revocaré mi sentencia: por haber vendido al inocente por dinero y al necesitado por un par de sandalias; pisoteando en el polvo de la tierra la cabeza de los pobres, tuercen el proceso de los débiles; porque padre e hijo se llegan juntos a una misma muchacha, profanando así mi santo nombre; sobre ropas tomadas en prenda se echan junto a cualquier altar, beben en el templo de su Dios el vino de las multas. Yo había exterminado a los amorreos delante de Israel, altos como cedros, fuertes como encinas; destruí su fruto por arriba, sus raíces por abajo. Yo os había sacado de Egipto y conducido por el desierto cuarenta años, hasta ocupar la tierra del amorreo. Pues bien, yo hundiré el suelo bajo vosotros como lo hunde una carreta cargada de gavillas. El más veloz no podrá huir, ni el más fuerte valerse de su fuerza, ni el guerrero salvar su propia vida. El arquero no resistirá, ni el de pies ligeros podrá salvarse, ni el jinete salvará su vida. El más intrépido entre los guerreros huirá desnudo aquel día» –oráculo del Señor–.


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Salmo responsorial: Salmo 49,16bc-17.18-19.20-21.22-23


 


Atención los que olvidáis a Dios.


 


«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?


 


Cuando ves un ladrón, corres con él; te mezclas con los adúlteros; sueltas tu lengua para el mal, tu boca urde el engaño.


 


Te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre; esto haces, ¿y me voy callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara.


 


Atención los que olvidáis a Dios, no sea que os destroce sin remedio. El que me ofrece acción de gracias, ese me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios».
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Evangelio: según san Mateo 8,18-22


En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de cruzar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro, que era de los discípulos, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Jesús le replicó: «Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».


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Reflexión: Todos estamos llamados al seguimiento


Existen distintos estados de vida en la Iglesia. Los ministros ordenados en sus diferentes grados, los pastores, que tenían la misión de gobernar, enseñar y santificar, y el pueblo fiel, los «religiosos», que han abrazado la vida consagrada, y los que viven en el mundo, pero sabemos que todos los cristianos formamos el pueblo de Dios, somos consagrados por el bautismo, que la dignidad suprema de todos es la de ser hijos de Dios, y que todos somos discípulos, llamados igualmente a la santidad. Así todos nos sentimos discípulos de Jesús, concernidos por sus instrucciones sobre el seguimiento. Todos estamos invitados a seguir sus pasos, llevar su forma de vida en los diferentes estados de vida en que nos encontramos; urgidos a poner el reinado de Dios por encima de todo; a desprender el corazón de los bienes del mundo, para que ninguno se convierta en un ídolo para nosotros, y a anunciar el Reino de Dios donde vivimos. ¿Son estas exigencias excesivas? El Señor no nos llama sin darnos la capacidad y los recursos para seguirle.


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