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Santo del día

Pelayo; David de Tesalónica; Antelmo de Chignin; Josemaría Escrivá de Balaguer; José María Robles Hurtado

Santo del día

1ª del salterio 1Re19,16b.19-21 / Sal 15 / Gál 5,1.13-18 / Lc 9,51-62



Primera Lectura: 1Reyes 19,16b.19-21


En aquellos días, el Señor dijo a Elías en el monte Horeb: «Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá». Partió Elías de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima. Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: «Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré». Le respondió: «Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?». Eliseo volvió atrás, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.


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Salmo responsorial: Salmo 15,1b-2a.5.7-8.9-10.11


 


Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.


 


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.


 


Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.


 


Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.


 


Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.


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Segunda lectura: Gálatas 5,1.13-18


Hermanos: Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud. Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero, cuidado, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente. Frente a ello, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

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Evangelio: según san Lucas 9,51-62


Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».


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Reflexión: Las condiciones del seguimiento


Jesús inicia aquí la subida a Jerusalén, lugar de su muerte y de su elevación al Padre, movido por una «decisión irrevocable»: la que le ha movido desde el comienzo de su vida: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». La negativa de la aldea samaritana a recibirle no le lleva a pedir fuego del cielo sobre ella, como querían los discípulos. Él no ha venido para condenar, sino para salvar. Desde la cruz pedirá el perdón del Padre para los que le han crucificado. En el camino Jesús instruye a los discípulos; hoy, sobre las condiciones del seguimiento. No es fruto de la iniciativa de los que le siguen: «no me elegisteis vosotros a mí; soy yo quien os elegí a vosotros». El discípulo ha de adoptar la forma de vida del Maestro que «no tiene dónde reclinar la cabeza». La llamada no admite dilaciones, ni para enterrar al padre; ni condiciones, para despedirse de los suyos. El reino de Dios exige docilidad, disponibilidad y prontitud incondicionales. Solo el encuentro con el Señor puede generar en aquellos a los que llama las disposiciones necesarias para seguirle.


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