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Santo del día

Natividad de s. Juan Bautista, s.; Fausto; Longinos; Teodulfo; Fermín; María Guadalupe

Santo del día

Oficio de la s. Is 49,1-6 / Sal 138 / He 13,22-26 / Lc 1,57-66.80



Primera Lectura: Isaías 49,1-6


Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso». Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».


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Salmo responsorial: Salmo 138,1-3.13-14.15


 


Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.


 


Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.


 


Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma.


 


No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.


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Segunda lectura: Hechos 13,22-26


En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”. Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias”. Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación».

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Evangelio: según san Lucas 1,57-66.80


A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.


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Reflexión: El tiempo de la misericordia


La historia de Juan el Bautista cierra el tiempo de las promesas de Dios y abre el de la llegada del Mesías. El primer rasgo de la nueva era es la alegría que inunda a la madre y a los testigos del acontecimiento, por «la gran misericordia con que Dios la ha favorecido». El nombre que la madre, llena del Espíritu ya antes de su nacimiento, y después el padre eligen para el recién nacido es Juan: «Dios es misericordioso», porque la misericordia es la característica del nuevo tiempo que él va a anunciar. Zacarías, «lleno también del Espíritu Santo» interpreta con un cántico el significado de la «hora de la salvación» que ha irrumpido con el nacimiento de Juan, y la misión encomendada: «Ir delante del Señor a preparar sus caminos», «y guiar nuestros pasos por caminos de paz».


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