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Santo del día

S. Luis Gonzaga, m.o.; Ramón de Roda; Inocencio de Mérida; Demetria

Santo del día

XII del T.O. 4ª del salterio 2Re 19,9b-11.14-21.31-35a.36 / Sal 47 / Mt 7,6.12-14


 



Primera Lectura: 2Reyes 19,9b-11.14-21.31-35a.36


En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envío mensajeros a Ezequías a decirle: «Así hablaréis a Ezequías, rey de Judá: “Que tu Dios, en el que confías, no te engañe diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria’. Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países entregándolos al anatema, ¿y vas a librarte tú solo?”». Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Subió al templo del Señor y abrió la carta ante el Señor. Y elevó esta plegaria ante él: «Señor, Dios de Israel, entronizado sobre los querubines: Tú solo eres el Dios para todos los reinos de la tierra. Tú formaste los cielos y la tierra. ¡Inclina tu oído, Señor, y escucha! ¡Abre tus ojos, Señor, y mira! Escucha las palabras de Senaquerib enviadas para insulto del Dios vivo. Es verdad, Señor, los reyes asirios han exterminado las naciones, han arrojado sus dioses al fuego y los han destruido. Pero no eran dioses, sino hechura de mano humana, de piedra, de madera. Pero ahora, Señor, Dios nuestro, líbranos de sus manos y sepan todos los reinos de la tierra que solo tú eres Señor Dios». Entonces Isaías, hijo de Amós, envió a Ezequías este mensaje: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “He escuchado tu plegaria acerca de Senaquerib, rey de Asiria”. Esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: “Te desprecia, se burla de ti la doncella, hija de Sion, menea la cabeza a tu espalda la hija de Jerusalén. Ha de brotar de Jerusalén un resto, y supervivientes del monte Sion. El celo del Señor del universo lo realizará. Por eso, esto dice el Señor acerca del rey de Asiria: ‘No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella ni una flecha, no avanzará contra ella con escudos, ni levantará una rampa contra ella. Regresará por el camino por donde vino y no entrará en esta ciudad –palabra del Señor–. Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo’”». Aquella misma noche el ángel del Señor avanzó y golpeó en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento y regresó a Nínive, quedándose allí.


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Salmo responsorial: Salmo 47,2.3-4.10-11


 


Dios ha fundado su ciudad para siempre.


 


Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra.


 


El monte Sion, confín del cielo, ciudad del gran rey; entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar.


 


Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu nombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra. Tu diestra está llena de justicia.
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Evangelio: según san Mateo 7,6.12-14


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros. Así, pues, todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas. Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».


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Reflexión: Tres enseñanzas del Maestro


El primer versículo es una recomendación para la misión de los discípulos y parece significar, en términos metafóricos que pueden herir algunas sensibilidades, que el evangelio, el mensaje del Reino –simbolizado en la imagen de las perlas– debe ser anunciado con cuidado y teniendo en cuenta la capacidad de escucha y las disposiciones de aquellos a quienes se les anuncia. Por eso las normas para la evangelización insisten en la necesidad de preparar el anuncio del mensaje con la presencia, llena de simpatía, de los evangelizadores entre aquellos a quienes evangelizan; el diálogo y la colaboración en la respuesta a sus problemas; y el testimonio de vida de los evangelizadores. El verso siguiente reproduce la «regla de oro» de la conducta humana, presente prácticamente en todas las religiones y sabidurías de la humanidad, terreno común de entendimiento entre todas ellas, y posible base para una ética mundial. Los dos últimos versos recomiendan a los discípulos, con las imágenes universales del camino y de la puerta, seguir el camino estrecho que recorrió Jesús, para poder pasar a la vida eterna por la puerta que es él para los que le siguen.


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