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Santo del día

La Santísima Trinidad, s.; Joaquina Vedruna; Rita de Casia; Humildad de Faenza; Atón; Miguel Hu Dinh Hi

Santo del día

Oficio de la s. Prov 8,22-31 / Sal 8 / Rom 5,1-5 / Jn 16,12-15


 



Primera Lectura: Proverbios 8,22-31


Esto dice la sabiduría de Dios: «El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba las nubes en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres».


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Salmo responsorial: Salmo 8,4-5.6-7.8-9


 


¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!


 


Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?


 


Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies.


 


Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar que trazan sendas por el mar.


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Segunda lectura: Romanos 5,1-5


Hermanos: Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

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Evangelio: según san Juan 16,12-15


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».


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Reflexión: El Misterio del Dios cristiano


Todos los sujetos religiosos remiten como a su origen, su centro y la meta de su vida, a una realidad anterior y superior, trascendente al hombre y a su mundo, y presente en todo lo real, haciéndolo existir, y en lo más íntimo de las personas. San Agustín decía de él que es «superior a lo más elevado de mí mismo y más íntimo a mí que mi propia intimidad». San Pablo nos enseñó que no está lejos de ninguno de nosotros, «porque en Él vivimos, nos movemos y existimos». Los humanos le han atribuido los nombres más diversos, sabiendo que ninguno era capaz de describirle, pero que gracias a ellos podían invocarlo y acoger la relación entrañable que él mantiene con todos. Los cristianos le reconocemos en Jesucristo, «Dios-con-nosotros», imagen del Dios invisible, su rostro vuelto hacia nosotros, en quien nos ha revelado su amor infinito, y nos ha donado su mismo Espíritu, Dios-en-nosotros. Gracias a él reconocemos a Jesús como Señor, nos podemos reconocer como hijos y podemos invocarle como abba, nuestro Padre del cielo. La condición trinitaria del Dios de los cristianos hace que sea trinitaria nuestra oración: dirigida al Padre, por Jesucristo, gracias al Espíritu que nos ha sido dado.


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