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Santo del día

Eleuterio; León; Mildred; Bta. Jacinta Marto de Fátima; Bta. Julia Rodzinska

Santo del día

I de Cuaresma 1ª del salterio Dt 26,16-19 / Sal 118 / Mt 5,43-48


 



Primera Lectura: Deuteronomio 26,16-19


Moisés habló al pueblo, diciendo: «Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma. Hoy te has comprometido a aceptar lo que el Señor te propone: Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz. Hoy se compromete el Señor a aceptar lo que tú le propones: Que serás su propio pueblo, como te prometió, que guardarás todos sus preceptos, que él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho».


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Salmo responsorial: Salmo 118,1-2.4-5.7-8


 


Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.


 


Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.


 


Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas.


 


Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. Quiero guardar tus leyes exactamente, tú, no me abandones.
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Evangelio: según san Mateo 5,43-48


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».


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Reflexión: «Amad a vuestros enemigos»


El amor a los enemigos es una de esas palabras de Jesús que, mirando únicamente a nuestras posibilidades, parece imposible de cumplir. Ya el perdón parece en muchas ocasiones superior a nuestras pobres fuerzas. Pero el precepto de Jesús no tiene solo en cuenta nuestras fuerzas. Su imperativo tajante se deriva de un indicativo: «así seréis hijos de vuestro Padre del cielo», que nos declara inscritos en una nueva vida, en la nueva «genealogía» que tiene su origen en Dios, el Padre bueno y dador de bienes, como la lluvia y el sol, a los justos y los pecadores, a los buenos y los malos. Si Jesús puede proponernos como ideal la perfección, en el evangelio de Mateo y la misericordia del Padre celestial, en el de Lucas, es porque primero nos ha declarado hijos de Dios. Si Jesús nos puede pedir esos frutos, es porque nos ha injertado, gracias a la fe, en su propia vida de Hijo.


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