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Santo del día

Bernardita Soubirous; Flaviano; Bto. Angélico; Bto. Jerzy Kaszyra

Santo del día

I de Cuaresma 1ª del salterio Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 137 / Mt 7,7-12


 



Primera Lectura: Ester 14,1.3-5.12-14


En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: «Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro. Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices. A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo».


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Salmo responsorial: Salmo 137,1-2a.2bc.3.7c-8


 


Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.


 


Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.


 


Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.


 


Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
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Evangelio: según san Mateo 7,7-12


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas».


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Reflexión: Pedid y recibiréis


Se ha dicho con razón que la oración es la puesta en ejercicio de la fe. La de petición es, además, su piedra de toque. Las críticas que suscita tienen en común partir de una definición de «pedir»: informar a alguien sobre lo que necesitamos, moverle con nuestro ruego a concedernos algo que el otro no estaría de suyo dispuesto a darnos, para concluir que un acto así es incompatible con una idea depurada de Dios. Pero lo que llamamos oración de petición no es una petición convertida en oración, es una oración, con todas las condiciones que la oración lleva consigo, que surge de una situación de necesidad y la pone confiadamente en la presencia de Dios. Su recomendación por Jesús, y su recurso personal a ella en momentos decisivos de su vida, muestran el atrevimiento de negar legitimidad a la oración de petición. El evangelio de hoy la justifica, invita a ella y da razones para practicarla. De parte de Dios, porque un padre no puede negarse a la petición de su hijo; de parte nuestra, podemos añadir, porque un hijo no deja de recurrir a su padre en caso de necesidad.


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