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Santo del día

Camila de San José Rolón; Bto. José Allamano

Santo del día

I de Cuaresma 1ª del salterio Is 55,10-11 / Sal 33 / Mt 6,7-15


 



Primera Lectura: Isaías 55,10-11


Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».


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Salmo responsorial: Salmo 33,4-5.6-7.16-17.18-19


 


El Señor libra de sus angustias a los justos.


 


Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.


 


Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.


 


Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.


 


Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.
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Evangelio: según san Mateo 6,7-15


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno”. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».


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Reflexión: Cómo orar


Orar no consiste, nos dice el Señor, en perderse en palabras sin cuento. Orar es dar voz al amor de Dios: de Dios hacia nosotros, para reconocerlo y alabarlo; y del pequeño amor con que respondemos a él. En verdad, «no sabemos orar como conviene», pero Jesús nos enseña las palabras mejores para hacerlo. La primera: «Padre», la palabra con la que él, el Hijo, se dirigía a Dios, la que solo él y su Espíritu pueden autorizarnos a poner en nuestros labios, ella da al padrenuestro su condición de oración única. No podemos pronunciarla sin el deseo de la llegada de su Reinado, nuestro reconocimiento de su santo nombre, nuestra conformidad con su voluntad. Jesús nos enseña, además, a poner en la presencia del Padre nuestra necesidad del pan de cada día, nuestra proclividad al mal, y hasta nuestros pecados. Con una condición: que, para que podamos invocarle como «nuestro», nos perdonemos como hermanos. ¿Cómo orar? Adoptando la actitud ante Dios que nos permita decir con verdad la oración que Jesús nos enseñó.


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