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Santo del día

Nª Sra. de Lourdes, c.; Benito de Aniano; Gregorio II; Pascual I; Bto. Tobías Borrás

Santo del día

Después de Ceniza 4ª del salterio Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25


 



Primera Lectura: Deuteronomio 30,15-20


Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla. Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».


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Salmo responsorial: Salmo 1,1-2.3.4.6


 


Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.


 


Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.


 


Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.


 


No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
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Evangelio: según san Lucas 9,22-25


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?».


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Reflexión: «La gravedad y la gracia»


Seguimos a Jesús, camino de Jerusalén. El camino conduce a ser reprobado, padecer mucho y morir, para resucitar al tercer día. Ser su discípulo consiste en seguirle. No todos pasaremos literalmente por los mismos acontecimientos, pero todos deberemos adoptar sus mismas actitudes. La fundamental es no tener como proyecto vital aferrarse a la propia vida, ponerse a sí mismo en el centro de todo y pretender hacer girar todo en torno a sí. Eso sería edificar la casa de nuestra vida sobre la arena movediza de nuestra finitud. Creados por Dios, «Misterio de autocomunicación», revelado en Jesús, «hombre para los demás», solo seremos lo que estamos llamados a ser saliendo de nosotros mismos, entregando la vida: a los otros, cuyo rostro nos impone un reconocimiento incondicional; y a Dios, meta de nuestra vida.


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