Uso de Cookies: Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.

ACEPTAR Más información

Buscar por:
  • Título
  • Autor
  • ISBN
  • Editorial
  • Categoría
 

Santo del día

Nª Sra. de Guadalupe, m.l.; Martín de S. Nicolás; Conrado de Offida; Bartolomé de S. Gimignano

Santo del día

III de Adviento 3ª del salterio Núm 24,2-7.15-17a / Sal 24 / Mt 21,23-27


 



Evangelio: según san Mateo 21,23-27


En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces todo esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?». Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta, si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta». Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».


___________________________________________________________________________________________________________


Reflexión: Jesús habla con autoridad


Jesús, llegado a Jerusalén, enseña cada día en el templo. Lo hace con la misma autoridad que admiraba a la muchedumbre, y acaba de hacer otra demostración de autoridad ejecutando la acción profética de la purificación del templo. Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo no pueden tolerarlo sin ver socavarse el poder que ellos detentan. De ahí la comprometida pregunta que le dirigen. Cualquier respuesta podrá ser hábilmente utilizada contra él. Jesús rehúsa responder, porque solo es capaz de acoger la verdad el que la busca sinceramente. Y les lanza a su vez una pregunta que los desconcierta y los calla. ¿Qué autoridad damos nosotros a Jesús y sus palabras? No basta sin duda que asintamos a lo que enseña. Él no es un maestro de doctrinas; es un maestro de vida; porque es un testigo que habla de Dios con su forma de ser y de vivir; y porque sus palabras «son espíritu y vida» (Jn 6,6). El Libro de la Sabiduría enseña las condiciones para buscar a Dios y acoger su revelación: Hay que buscarlo «con el corazón entero»; «solo se revela a quienes no exigen pruebas y no desconfían».


___________________________________________________________________________________________________________


Eventos