Uso de Cookies: Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.

ACEPTAR Más información

Buscar por:
  • Título
  • Autor
  • ISBN
  • Editorial
  • Categoría
 

Santo del día

Dámaso; Lucas Estilita; Mª Maravillas de Jesús

Santo del día

3ª del salterio Is 35,1-6a.10 / Sal 145 / Sant 5,7-10 / Mt 11,2-11


 



Primera Lectura: Isaías 35,1-6a.10


El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará». Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.


 ___________________________________________________________________________________________________________


 


Salmo responsorial: Salmo 145


 


Ven, Señor, a salvarnos.


 


 ___________________________________________________________________________________________________________


 


Segunda lectura: Santiago 5,7-10


Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

___________________________________________________________________________________________________________



 


Evangelio: según san Mateo 11,2-11


En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti». Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».


___________________________________________________________________________________________________________


Reflexión: La noche de la fe


Todo es enseñanza y ayuda para nosotros hoy: la figura de Juan y la respuesta de Jesús a la pregunta de los discípulos enviados por él. Juan había bautizado a Jesús y había visto «descender sobre él el Espíritu como una paloma». Había dicho señalando hacia él: «Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Pero ahora, lleva mucho tiempo encarcelado, teme lo peor, y su fe, antes tan firme, parece resquebrajarse. ¿Habrá llegado con Jesús la salvación también para él? El envío de sus discípulos a Jesús parece su último recurso. La respuesta de Jesús ofrece los criterios anunciados por los profetas para la identificación del Mesías. Eran los que él mismo se había atribuido en el discurso de la sinagoga de Nazaret: «Los ciegos ven…, a los pobres se les anuncia la buena noticia». Y nadie más pobre, más desvalido, que Juan en la cárcel. Pero Jesús añade ahora una nueva señal: «Bienaventurado quien no se escandaliza de mí». Es decir: quien, cuando todo parece confundir la confianza puesta en él, mantiene incondicionalmente esa confianza, como sin duda la mantuvo Juan.


___________________________________________________________________________________________________________


Eventos