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Santo del día

Leandro; Diego de Alcalá; Estanislao de Kostka; Nicolás I; Abbón de Fleury; Homobono

Santo del día

1ª del salterio Mal 3,19-20a / Sal 97 / 2Tes 3,7-12 / Lc 21,5-19


 



Primera Lectura: Malaquías 3,19-20a


Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir –dice el Señor de los ejércitos–, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.


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Salmo responsorial: Salmo 97


 


El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.


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Segunda lectura: 2Tesalonicenses 3,7-12


Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

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Evangelio: según san Lucas 21,5-19


En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida». Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


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Reflexión: Bienaventurados los perseguidos por mi causa


La primera parte del texto se refiere sin duda a la caída de Jerusalén que terminará con la maravilla que era el templo. Pero Jesús se refiere inmediatamente después a la aparición de personajes que usurparán su nombre, dirán, copiando su forma de hablar, «soy yo», y previene a los discípulos para que no los sigan ni hagan caso de los falsos rumores que propalen. La última parte del discurso les anuncia las persecuciones que van a padecer por causa de su nombre. El libro de los Hechos narra algunas de ellas: contra Esteban, Pedro y Juan, Santiago, Pablo. Pero les asegura que no van a estar a merced de sus perseguidores. La persecución ha dado a los discípulos la ocasión de dar testimonio: «comenzó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén y todos se dispersaron… Los que se habían dispersado iban por todas partes dando testimonio» (He 8,1-4). De hecho, «mártir», la palabra para la entrega de la vida en la persecución, significa «testigo». Y el refrán ya utilizado por Jesús para referirse a la providencia: «ni un cabello de vuestra cabeza se perderá», lo aplica también a los perseguidos por su causa. Su constancia, paciencia, aguante les hará conseguir la vida verdadera.


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Eventos

19/12/2018

Presentación del libro Vidas tocadas por Taizé

Presentación del libro Vidas tocadas por Taizé de Cristina Ruiz Fernández