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Santo del día

San Hilarión de Gaza

Santo del día

La única fuente sobre Hilarión es la famosa Vita (BHL 3879) escrita por san Jerónimo en Belén poco después del 386, a la que se añaden únicamente algunos episodios de la Historia ecclesiastica de Sozomeno (V, 10; V, 15). La total ausencia de referencias a Hilarión en las obras de los autores contemporáneos a él lleva a W. Israel a negar su historicidad, pero tal conclusión pronto fue puesta en discusión por los estudios de Zöckler y de Grützmacher, que afirmaron la existencia de cierto núcleo histórico dentro de la narración. Actualmente, si, por un lado, la historicidad de Hilarión parece fuera de dudas, por otro, se ha revalorizado la importancia del anacoreta que, lejos de ser el fundador del monacato palestino y el gran taumaturgo descrito por su biógrafo, presumiblemente fue un personaje conocido sólo en su tierra en un primer momento.


Del escrito de Jerónimo se deduce que Hilarión nació en Tabatha, en las cercanías de Gaza, de padres paganos; se estableció en Alejandría como discípulo de un gramático. Tras la conversión, de la que no sabemos nada, se sintió atraído por el ermitaño Antonio (abad), al que bien pronto se unió; pero, tras una breve estancia en el desierto egipcio, no soportando las muchedumbres que acudían a la celda del santo, decidió volver a su patria y distribuir sus pertenencias entre los pobres, para después retirarse, a la edad de quince años, a la soledad del desierto, a siete millas de Mayuma, el mercado de Gaza. Tras un largo período de dura ascesis, Hilarión comenzó a realizar los primeros milagros, atrayendo, a su vez, a muchísimos fieles y a un gran número de anacoretas, deseosos de imitar su estilo de vida. Habiendo perdido su originaria y deseada soledad, el santo, con más de sesenta años, cansado de las gentes ávidas de curación y de exorcismos, abandonó Gaza, dando comienzo a una serie de peregrinaciones. Tras acudir a Egipto a la tumba de Antonio, y tras una breve estancia en el desierto, se trasladó a Bruchium, en las cercanías de Alejandría, y poco tiempo después decidió dirigirse a Occidente donde no era conocida su fama taumatúrgica. A partir de este momento, Hilarión inició una verdadera y auténtica peregrinación a través del Mediterráneo, que le llevó primero a Sicilia, después entre los bárbaros de Dalmacia (y allí salvará a la ciudad de Epidauro primero de un dragón y después de un maremoto) y, finalmente, tras diferentes peripecias, llega a Chipre, donde terminará sus días escondido en un inaccesible refugio de montaña.


Dirigida no solamente a presentar un fundador, imitador de Antonio, al monacato palestino, sino también a poner de relieve una existencia ascética ejemplar, la Vita Hilarionis que, como ha llamado la atención Christine Mohrmann, «parece prefigurar las peregrinaciones de los monjes irlandeses», anticipando también el «tono de la Peregrinatio Brendani», ha constituido para los hagiógrafos medievales un autorizado punto de referencia, no solamente por los fines de la vida ascética, sino también por los evidente fines pastorales de las narraciones de los milagros, generalmente inspiradas en el modelo evangélico, y por la presentación de la gracia divina como un don que mueve la voluntad misma del taumaturgo y que no puede ser escondida.


Hilarión se representa generalmente como un anciano con barba blanca hasta el pecho, con hábitos de monje, pero también desnudo o cubierto de hojas.

Santa Úrsula

Santo del día

La leyenda de Úrsula, virgen y mártir, procede de la más antigua leyenda de las vírgenes mártires de Colonia. Aunque asociada en el culto a las compañeras (fiesta, el 21 de octubre), la santa alcanzó una individualidad propia sólo en el s. X. La leyenda de las vírgenes de Colonia encuentra su primera prueba histórica en una inscripción conservada en la basílica de Santa Úrsula en Colonia: en ella un vir illustrissimus, llamado Clemacio, en cumplimiento de un voto, hace restaurar la basílica, en la cual sanctae virgines pro nomine Christi sanguinem suum fuderunt (tal vez algunas mártires del tiempo de Diocleciano). La inscripción está fechada entre la segunda mitad del s. IV y la primera mitad del s. V y deja entrever el origen oriental de la dedicatoria y quizá también del culto. Tras un paréntesis de casi cuatro siglos, en que el culto de las mártires parece oscurecido, a partir de la mitad del s. IX reaparecen nuevos testimonios en textos litúrgicos y hagiográficos (concretamente en los Martirologios de Vandalberto y de Usuardo); las fuentes consignan los nombres de algunas mártires, no siempre los mismos, pero el nombre de Úrsula, cuando aparece, no ocupa una posición de preeminencia respecto a las compañeras. El número de las mártires, a través de añadiduras progresivas, se viene precisando en once, pero ya desde el s. IX aparece el número once mil, que se impondrá en la tradición hagiográfica posterior. La ampliación de once a once mil podría depender de la errada resolución de un signo de abreviatura en una inscripción o en un manuscrito; la hipótesis más acreditada es que se añadiera un rasgo horizontal sobre el número XI, signo que en la grafía altomedieval equivalía a los miles. No se puede excluir sin embargo que al involuntario error de lectura se sobrepusiera un intento de falsificación, al objeto de ampliar el número de las reliquias y dar mayor prestigio a la Iglesia de Colonia.


En la primera mitad del s. X (Sermo in natali) se introdujo el dato del origen inglés de las vírgenes, pero solamente con la primera Passio Ursulae (BHL 8427) Úrsula asumió una posición de primado en el grupo de las vírgenes. La Passio, compuesta entre el 968 y el 976 y dedicada al arzobispo Gero de Colonia, presenta la historia en una forma ya definida: Úrsula es la hija de un rey británico, famosa por su belleza y devoción, que ha decidido consagrar a Cristo su virginidad. Un rey pagano, fascinado por la hermosura de la muchacha, quiere casarla con su propio hijo, Eterio. Ante la amenaza de una guerra, Úrsula, aconsejada por un ángel, finge consentir en las nupcias, pero pide una dilación de tres años, durante los cuales su prometido deberá ser educado en la fe cristiana. A Úrsula se le confían asimismo diez compañeras, de su misma edad e igual nobleza, cada una acompañada por un séquito de mil doncellas. Las once mil vírgenes pasan tres años a bordo de once trirremes. Al expirar los tres años, empujadas por un viento divino, las naves zarpan y después de un día de navegación arriban a Tiel; de aquí, a lo largo del río, las vírgenes llegan a Colonia, donde Úrsula recibe la profecía del martirio. Reanudando el viaje por el Rin, las muchachas llegan a Basilea y desde aquí se encaminan a Roma. Vuelven después a Colonia, mientras la ciudad es asediada por los hunos. Al descender a tierra para abastecerse son masacradas por los bárbaros. Úrsula, desconocedora del destino de sus compañeras, desembarca la última. Deslumbrado por su belleza, el jefe de los hunos (más tarde identificado con Atila), expresa el propósito de casarse con ella, pero, rechazado, hace traspasar a la muchacha con una flecha. Cuando los bárbaros se disponen a saquear las naves, una visión divina los pone en fuga, liberando así la ciudad del asedio. Los ciudadanos de Colonia, en agradecimiento, recogen los cuerpos de las santas y los sepultan.


Esta primera redacción de la Passio no tuvo demasiada difusión; una nueva redacción (BHL 8428), que tuvo mayor fortuna, fue compuesta hacia finales del s. XI y comienzos del s. XII. En esta versión se inspiró Godofredo de Monmouth en la Historia regum Britanniae y también Jacobo de Vorágine en la Leyenda áurea y toda la tradición hagiográfica posterior. En esta asume particular importancia el Liber revelationum de sacro exercitu virginum Coloniensium de la mística Isabel de Schönau (1129-1164). El culto de Úrsula fue y sigue siendo enorme. En la rica producción iconográfica Úrsula es representada con vestiduras reales, envuelta en un amplio manto, con la corona del martirio y la flecha en una mano. A menudo es escoltada por sus compañeras, que en algunos casos están representadas con dimensiones menores a los pies de la santa o bajo su manto. Es frecuente también la representación de la nave utilizada para el viaje.

Eventos

16/11/2018

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Presentación del libro El Padre Pío: apóstol de misericordia de Laureano Benítez  

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Presentación y firma del libro Los smallers de César Gil y Covadonga Riesgo