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Santo del día

San José de Cupertino

Santo del día

Último hijo de Félix y Francisca Panaca, José María Desa nació en Cupertino (Lecce) el 17 de junio de 1603, en un establo, según la tradición. Educado cristianamente por la madre, a pesar de las estrecheces de la pobre familia, en seguida pasó de los primeros estudios al trabajo, teniendo poco apego por ambas cosas, también a causa de su delicada salud. Pero pronto se despertó en él la vocación a la vida religiosa e intentó entrar en los Frailes Menores Conventuales, que no lo aceptaron por su escasa formación escolar. Perseverando en el ideal franciscano intentó entrar (pero en vano) a los Menores Reformados y después entre los Capuchinos del convento de Martina Franca (Taranto), con los que finalmente vistió el hábito en 1620, asumiendo el nombre de Esteban de Cupertino, pero no logró terminar ni siguiera el año de noviciado, por lo que fue expulsado por ineptitud.


A través de la ayuda de un tío conventual, el padre Juan Donato Caputo, logró ser aceptado finalmente en el convento de la Grotella como terciario y sirviente; pudo cambiar dicho estado, gracias a sus cualidades y buena voluntad, por el de novicio (adoptó el nombre de José) y más tarde llegó a la ordenación sacerdotal el 18 de marzo de 1628.


Poco tiempo después de su ordenación (en 1630), quizá llevado por su carácter dado a la meditación y a la vida apartada, José comenzó a tener los primeros éxtasis en la iglesia del convento, con levitaciones públicas, que pronto atrajeron la devoción de los fieles, a la vez que se extendía su fama de santidad. Tales fueron los fenómenos místicos y el rumor que se difundía que levantó las sospechas del inquisidor de Nápoles, que convocó al religioso en 1638 para dar razón de su comportamiento, detrás del cual podría existir un crimen contra la santidad, de affectata sanctitate, castigado duramente por el Santo Oficio. Pero en Nápoles se repitieron las levitaciones delante de los mismos jueces eclesiásticos que se vieron obligados a transmitir a Roma las actas del proceso, donde la Suprema Inquisición –examinado el caso– absolvió al fraile del delito, pero prohibiéndole volver al convento de Grottella y obligándolo a vivir apartado de los fieles.


El religioso fue enviado por ello a la comunidad del convento de Asís, donde vivió durante catorce años, y donde se repitieron los éxtasis y los fenómenos de levitación, que reunieron, alrededor del fraile, nuevos grupos de devotos y de simples laicos. Entre estos estaban también el benedictino Arcángelo Rosmi, que en sus Diarios conservó fieles testimonios bastante valiosos sobre el místico fraile. En Asís, para visitar al hermano José, acudieron entre otros Juan Casimiro Waza (futuro rey de Polonia), Juan Federico de Sajonia, duque de Brandeburgo, que gracias a las oraciones del fraile de Cupertino abandonó el luteranismo y abrazó la fe católica, y también la sierva de Dios María de Saboya, que permaneció en contacto con el religioso hasta su muerte (1656), en la búsqueda común de perfección.


Hechos aún no aclarados impusieron bruscamente, en 1653, el traslado del hermano José al convento de los capuchinos de San Lazzaro Pietrarubbia, donde tenía que ser custodiado loco carceris, casi como prisionero, con la prohibición de salir de la celda a no ser que fuese para celebrar la misa. Pero no por eso cesaron los fenómenos que acompañaron toda la vida del religioso, y tanta gente acudía que los superiores capuchinos se vieron obligados a ingresar al hermano José en la celda de Pietrarubbia, lugar más aislado y casi inalcanzable.


Hasta 1656 Alejandro VII no permitió el regreso de José al seno de la comunidad conventual de San Francisco de Osimo, donde llegó la noche del 9 de julio, viviendo entre fervores místicos, y donde permaneció hasta su muerte el día 18 de septiembre de 1663.


Sepultado en la capilla de la Inmaculada Concepción en la basílica de Osimo, la tumba del humilde fraile de Cupertino pronto fue lugar de peregrinaciones y de devoción popular, por lo que comenzaron inmediatamente los procesos de beatificación del religioso. Estos iniciaron en julio de 1664 y concluyeron, tras una amplia recogida de testimonios en Apulia y Asís, con la beatificación en 1753. Sería canonizado el 16 de julio de 1767.


La iconografía del santo de Cupertino lo muestra casi siempre en oración, con hábito religioso, algunas veces elevado del suelo, o haciendo curaciones prodigiosas.

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26/10/2018

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Presentación del libro Nelson Mandela de Javier Fariñas