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Santo del día

Sta. María Magdalena, m.o.; Cirilo de Antioquía

Santo del día

XVI del T.O. 4ª del salterio Jer 3,14-17 / Sal Jer 31,10-13 / Mt 13,18-23 (o bien: Cant 3,1-4 / 2Cor 5,14-17 / Sal 62 / Jn 20,1.11-18)


 



Primera Lectura: Jeremías 3,14-17


Volved, hijos apóstatas –oráculo del Señor–, que yo soy vuestro dueño. Os iré reuniendo a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sion. Os daré pastores, según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia. Os multiplicaréis y creceréis en el país. Y en aquellos días –oráculo del Señor– ya no se hablará del Arca de la Alianza del Señor: no se recordará ni se mencionará; nadie la echará de menos, ni se volverá a construir otra. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono del Señor». Todas las naciones se incorporarán a ella en el nombre de «El Señor que está en Jerusalén», y ya no se dejarán guiar por su corazón perverso y obstinado.


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Salmo responsorial: Jeremías 31,10.11-12ab.13


 


El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.


 


Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.


 


Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion, afluirán hacia los bienes del Señor.


 


Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.
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Evangelio: según san Juan 20,1.11-18


El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».


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Reflexión: «He visto al Señor»


Hoy la Iglesia celebra la memoria de santa María Magdalena y el evangelio narra su encuentro con el Resucitado. Es una de las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, habían presenciado su muerte en la cruz, y observado de cerca cómo le ponían en el sepulcro. Es la primera en acudir al sepulcro la mañana de la resurrección. La razón de su constancia y de su premura no es otra que su amor. Su amor a Jesús ha mantenido encendidas las brasas de las que el soplo del Espíritu encenderá la hoguera de su experiencia de la resurrección. María acude al sepulcro todavía de noche, llorando. Va como las otras mujeres a ungir el cuerpo del Señor, y aparece «inclinada, contemplando el sepulcro vacío». La ausencia del Señor se ha hecho total; esa es la razón de su llanto. No identifica a Jesús en el jardinero. Necesitará para hacerlo que la llame: «¡María!». El buen pastor llama a las ovejas por su nombre. Su respuesta: «mi Maestro» resume su reconocimiento, su asombro, su alegría.


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