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Santo del día

S. Antonio de Padua, m.o.; Fándila; Hipólito

Santo del día

XI del T.O. 3ª del salterio 1Re 21,1-16 / Sal 5/ Mt 5,38-42


 



Primera Lectura: 1Reyes 21,1-16


Por aquel tiempo, Nabot de Yezrael tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaría. Ajab habló a Nabot diciendo: «Dame tu viña para que pueda tener un huerto ajardinado, pues está pegando a mi casa; yo te daré a cambio una viña mejor, o, si te parece bien, te pagaré su precio en plata». Nabot respondió a Ajab: «Dios me libre de cederte la herencia de mis padres». Se fue Ajab a su casa abatido y enfadado por la respuesta que le había dado Nabot de Yezrael: «No te cederé la heredad de mis padres». Se postró en su lecho de cara a la pared y se negó a comer. Jezabel, su mujer, se le acercó y le dijo: «¿Qué te pasa que estás entristecido y no comes alimento alguno?». Él le respondió: «Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: “Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio”; pero él me contestó: “No te cederé mi viña”». Jezabel, su mujer, le replicó: «¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el ánimo. Yo misma me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael». Escribió cartas con el nombre de Ajab y las selló con el sello de él, enviándolas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot. En las cartas escribió lo siguiente: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot al frente de la asamblea. Frente a él sentad a dos hombres hijos de Belial que testifiquen en su contra diciendo: “Tú has maldecido a Dios y al rey”. Entonces lo sacaréis fuera y lo lapidaréis hasta que muera». Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron tal como Jezabel les ordenó según lo escrito en las cartas remitidas a ellos. Así proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot al frente de la asamblea. Llegaron los dos hombres hijos de Belial, se sentaron frente a él y testificaron contra él diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey». Lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron a pedradas hasta que murió. Enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido lapidado y está muerto». En cuanto Jezabel oyó que Nabot había muerto lapidado, dijo a Ajab: «Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, el que se negó a vendértela por su valor en plata, pues Nabot ya no está vivo, ha muerto». Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yezrael, para tomar posesión de ella.


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Salmo responsorial: Salmo 5,2-3ab.5-6a.6b-7


 


Atiende a mis gemidos, Señor.


 


Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío.


 


Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia.


 


Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.
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Evangelio: según san Mateo 5,38-42


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».


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Reflexión: Vencer el mal a fuerza de bien


La moral solo humana se basa en las leyes de la reciprocidad y tiene su fundamento en la igual dignidad de todos los humanos. La ley del talión: «ojo por ojo…» es una de sus expresiones más explícitas. Lo que a primera vista parece una legitimación de la venganza y la violencia en realidad significa una limitación de su uso. El mal con que se responde al mal padecido no debe superar las proporciones del daño sufrido. Pero Jesús va más lejos. Rompe con la ley de la proporcionalidad y ordena a los suyos no hacer frente con el mal al mal que se recibe. No se contenta con condenar la aparición de la espiral de la violencia que genera la respuesta a la violencia con una violencia mayor. Propone romper ese círculo vicioso al que conduce la respuesta al mal con otro mal, aunque sea proporcional al recibido. Propone interrumpir el desencadenamiento de la violencia introduciendo una lógica nueva: la de la respuesta al mal con la puesta en circulación de un bien mayor a aquel del que nos ha privado la ofensa recibida: «A nadie, concluirá san Pablo, devolváis mal por mal… No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien».


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