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Santo del día

S. Pascual Bailón, m.l.; Ervedo; Bta. Antonia Mesina; Bto. Ivan Ziatyk

Santo del día

VII del T.O. 3ª del salterio Sant 4,1-10 / Sal 54/ Mc 9,30-37


 



Primera Lectura: Santiago 4,1-10


Queridos hermanos: ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones. Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios. ¿O es que pensáis que la Escritura dice en vano: «El espíritu que habita en nosotros inclina a la envidia»? Pero la gracia que concede es todavía mayor; por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes». Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros. Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes. Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría en aflicción. Humillaos ante el Señor y Él os ensalzará.


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Salmo responsorial: Salmo 54,7-8.9-10b.10c-11a.23


 


Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.


 


Y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma para volar y posarme! Emigraría lejos, habitaría en el desierto.


 


Esperaría en el que puede salvarme del huracán y la tormenta». ¡Destrúyelos, Señor, confunde sus lenguas!


 


Pues veo en la ciudad violencia y discordia: día y noche hacen la ronda sobre sus murallas.


 


Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará; no permitirá jamás que el justo caiga.
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Evangelio: según san Marcos 9,30-37


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».


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Reflexión: Llamados para servir


El evangelio de hoy nos muestra a Jesús ejerciendo su ministerio de Maestro con sus discípulos. El tema de su enseñanza es el fundamental en relación con su misión y su destino: «que va a ser entregado, lo matarán y al tercer día resucitará». Sus discípulos se muestran, nos mostramos, tardos para entender este mensaje y, sobre todo, para aceptarlo. Esperan otro Mesías a la medida de su deseo de «ser importantes», y no entienden y no aceptan un Mesías que tenga que pasar por la cruz. Necesitarán que el Resucitado les abra los ojos para entender que «convenía que el Mesías pasase por la muerte y así entrase en su gloria». Para comprender eso necesitan abandonar sus pretensiones y adoptar la actitud de servicio que él les enseñará lavándoles los pies. En una sociedad en que los niños apenas contaban para nadie, los invita –nos invita– a abajarse hasta ellos y acogerlos, si quieren, si queremos, acogerle a él y acoger a Dios.


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