Quiénes somos

 

La Sociedad de San Pablo fue fundada por el padre Santiago Alberione en Italia el 20 de agosto de 1914. El padre Desiderio Costa, uno de los primeros seguidores del padre Alberione, llega a España en 1934 con el encargo de establecer la Congregación, consiguiendo abrir la primera comunidad paulina en Bilbao el 8 de julio de 1934. La historia de la Sociedad San Pablo en España es breve, apenas 80 años, pero ya es posible y oportuno señalar los hitos del recorrido y plasmarlos en una obra, viendo en ellos una línea que se desenvuelve en una trayectoria de progreso, aunque en ocasiones se haya tenido que cambiar la dirección de la marcha.

La germinación del carisma del P. Alberione en España comenzó en tiempos turbulentos, que resultaron el preludio del trágico acontecimiento de la Guerra civil (1936-1939). Fue como el esfuerzo de roturación para que el pequeño grano pudiera encontrar tierra propicia. Quien lo mirase desde fuera difícilmente podría adivinar la novedosa y entrañable potencialidad que aquella diminuta semilla llevaba dentro de sí. Hay en esta figura un halo de fecundidad que la acerca a la realidad del Espíritu. Durante los años sucesivos veremos cómo se funden las fuerzas de esta semilla en la intuición y en la acción del P. Alberione, primero en su propia persona, y, después, lanzada a voleo, por los amplios terrenos del mundo, entre ellos España.

Llegamos a España en 1934. El P. Desiderio Costa, uno de los dos primeros alumnos y compañeros del P. Alberione, ha logrado, entre mil y una dificultades, propiciar el nacimiento de la nueva congregación en nuestro país. El programa que da vigor a los primeros protagonistas de la expansión paulina en el mundo es el trazado por el P. Alberione desde los comienzos: «Gloria a Dios, paz a los hombres». Y eso de la Paz nunca mejor proclamado y rezado, pues, al poco tiempo de llegar el P. Costa a España, estalla la Guerra civil en nuestro país. La naciente familia se dispone a sufrir un largo invierno, que no parece preludiar ninguna primavera. Pero la semilla iba tomando cuerpo en profundidad y no tardaría en brotar con atrevimiento. La vida es siempre provocadora y transforma en revulsivo cuantos obstáculos encuentra en su camino. Así ha sido siempre, también para el P. Alberione cuando en 1914 afrontaba el reto de la fundación inicial de la Congregación a las puertas de la primera Guerra mundial. Cosas de Dios, pero contando siempre con la aportación de los hombres.