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El Libro del Pueblo de Dios

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Evangelio según san Juan

LA MUERTE DE JESÚS
26En los relatos de la Pasión, Juan depende de la tradición cristiana anterior, pero revive los acontecimientos con la profundidad que lo caracteriza. Detrás del aparente triunfo de los enemigos de Jesús, él ve la «hora» del Juicio de Dios sobre el mundo, que es al mismo tiempo causa de salvación para los que no cierran sus ojos a la luz. En la coronación de espinas, ve la afirmación de la realeza de Cristo, proclamada solemnemente frente a Pilato. Y en su crucifixión ve la Glorificación del Señor, que todo lo atrae hacia él.
26Además, Juan destaca la plena libertad con que Jesús entregó su vida para cumplir la voluntad del Padre. Este mismo evangelista nos ha conservado las palabras con que el Señor proclamó desde la cruz la maternidad de María sobre todos los que creen en él. Y Juan es también el único que menciona la sangre y el agua brotadas del costado de Cristo, como «signos» del Bautismo y la Eucaristía, donde se comunica y alimenta la Vida en el Espíritu.
El arresto de Jesús
26Mt. 26. 30, 36, 47-56 Mc. 14. 26, 32, 43-52 Lc. 22. 39, 47-53
18
1 Después de haber dicho esto, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. 2 Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. 3 Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. 4 Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: «¿A quién buscan?». 5 Le respondieron: «A Jesús, el Nazareno». Él les dijo: «Soy yo». Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. 6 Cuando Jesús les dijo: «Soy yo», ellos retrocedieron y cayeron en tierra. 7 Les preguntó nuevamente: «¿A quién buscan?». Le dijeron: «A Jesús, el Nazareno». 8 Jesús repitió: «Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan». 9 Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me confiaste».
10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 11 Jesús dijo a Simón Pedro: «Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?».
Jesús ante Anás
11Mt. 26. 57 Mc. 14. 53 Lc. 22. 54
12 El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. 13 Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. 14 Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo».
La primera negación de Pedro
14Mt. 26. 69-70 Mc. 14. 66-68 Lc. 22. 55-57
15 Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, 16 mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. 17 La portera dijo entonces a Pedro: «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?». Él le respondió: «No lo soy». 18 Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego.
Jesús ante el Sumo Sacerdote
18Mt. 26. 59-66 Mc. 14. 55-64 Lc. 22. 66-71
19 El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. 20 Jesús le respondió: «He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 21 ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho». 22 Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: «¿Así respondes al Sumo Sacerdote?». 23 Jesús le respondió:
23 «Si he hablado mal, muestra en qué ha sido;
23 pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?».
24 Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás.
Nuevas negaciones de Pedro
24Mt. 26. 71-75 Mc. 14. 69-72 Lc. 22. 58-62
25 Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: «¿No eres tú también uno de sus discípulos?». Él lo negó y dijo: «No lo soy». 26 Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: «¿Acaso no te vi con él en la huerta?». 27 Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.
Jesús ante Pilato
27Mt. 27. 2, 11-26 Mc. 15. 1-15 Lc. 23. 1-7, 13-19
28 Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. 29 Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: «¿Qué acusación traen contra este hombre?». Ellos respondieron: 30 «Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado». 31 Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen». Los judíos le dijeron: «A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie». 32 Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir.
33 Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». 34 Jesús le respondió: «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?». 35 Pilato replicó: «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?». 36 Jesús respondió:
36 «Mi realeza no es de este mundo.
36 Si mi realeza fuera de este mundo,
36 los que están a mi servicio habrían combatido
36 para que yo no fuera entregado a los judíos.
36 Pero mi realeza no es de aquí».
37 Pilato le dijo: «¿Entonces tú eres rey?». Jesús respondió:
37 «Tú lo dices:
37 yo soy rey.
37 Para esto he nacido
37 y he venido al mundo:
37 para dar testimonio de la verdad.
37 El que es de la verdad, escucha mi voz».
38 Pilato le preguntó: «¿Qué es la verdad?». Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. 39 Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?». 40 Ellos comenzaron a gritar, diciendo: «¡A él no, a Barrabás!». Barrabás era un bandido.

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