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El Libro del Pueblo de Dios

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Evangelio según san Juan

EL LIBRO DE LA «HORA» DE JESÚS
50«Mi hora no ha llegado todavía» (2. 4), había dicho Jesús a su madre cuando, a instancias de ella, realizó el primer «signo». Y varias veces hizo alusión a su «hora», a lo largo de toda la actividad pública relatada en la primera parte del Evangelio de Juan, que es el Libro de los «signos» realizados en función de esa «hora» decisiva.
50Pero al fin, llegó la «hora» de Jesús, y toda la segunda parte del cuarto Evangelio gira alrededor de este tema fundamental. Se trata de la hora de su Glorificación por medio de la muerte (12. 23). La hora de su «paso» de este mundo al Padre. La hora del triunfo de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el egoísmo, de la vida sobre la muerte.
LA ÚLTIMA CENA
50San Juan no narra la institución de la Eucaristía, como lo hacen los otros tres evangelistas. En cambio, nos ha conservado el conmovedor relato del lavatorio de los pies a los discípulos, en el que nos da una lección de servicio fraternal, a imitación de Jesús, que «no vino para ser servido sino para servir» (Mt. 20. 28). Junto con ese gesto simbólico, el autor de este Evangelio nos ha transmitido el «testamento del Señor», contenido en su discurso de despedida y en su oración sacerdotal al Padre.
50Muchos temas se mezclan en ese «testamento» espiritual, pero entre todos se destaca la insistencia con que Jesús exhorta a sus discípulos a vivir íntimamente unidos, amándose como él los amó (13. 34-35; 15. 12-13, 17). Para no dejarlos «huérfanos», él les promete un «Abogado», que es el Espíritu de la verdad (14. 16-17, 26; 15. 26; 16. 7-15). Ese Espíritu dará testimonio de Jesús en el corazón de los creyentes, les ayudará a comprender sus enseñanzas y hará posible que se cumpla la súplica del Señor: «Padre, que todos sean uno, como nosotros somos uno» (17. 21-22).
El lavatorio de los pies
13
1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, 4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». 7 Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás». 8 «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!». Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte». 9 «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!». 10 Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos». 11 Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios».
12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.
16 Les aseguro
16 que el servidor no es más grande
16 que su señor,
16 ni el enviado más grande que el que lo envía.
17 Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. 18 No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice:
18 El que comparte mi pan
18 se volvió contra mí.
19 Les digo esto desde ahora,
19 antes que suceda,
19 para que cuando suceda,
19 crean que Yo Soy.
20 Les aseguro
20 que el que reciba al que yo envíe,
20 me recibe a mí,
20 y el que me recibe, recibe al que me envió».
El anuncio de la traición de Judas
20Mt. 26. 21-25 Mc. 14. 18-21 Lc. 22. 21-23
21 Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente:
21 «Les aseguro
21 que uno de ustedes me entregará».
22 Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. 23 Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús. 24 Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». 25 Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?». 26 Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. 27 En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer». 28 Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. 29 Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. 30 Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
La despedida de Jesús: el anuncio de su glorificación
31 Después que Judas salió, Jesús dijo:
31 «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
31 y Dios ha sido glorificado en él.
32 Si Dios ha sido glorificado en él,
32 también lo glorificará en sí mismo,
32 y lo hará muy pronto.
33 Hijos míos,
33 ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
33 Ustedes me buscarán,
33 pero yo les digo ahora
33 lo mismo que dije a los judíos:
33 “A donde yo voy,
33 ustedes no pueden venir”.
El mandamiento nuevo
34 Les doy un mandamiento nuevo:
34 ámense los unos a los otros.
34 Así como yo los he amado,
34 ámense también ustedes los unos a los otros.
35 En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos:
35 en el amor que se tengan los unos a los otros».
El anuncio de las negaciones de Pedro
35Mt. 26. 33-35 Mc. 14. 29-31 Lc. 22. 33-34
36 Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás». 37 Pedro le preguntó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». 38 Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».

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