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El Libro del Pueblo de Dios

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Carta a los Hebreos

La función del Sumo Sacerdote
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1 Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. 2 Él puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. 3 Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por sus propios pecados. 4 Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón.
El sacerdocio de Cristo
5 Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo:
5 Tú eres mi Hijo,
5 yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar:
6 Tú eres sacerdote para siempre,
6 según el orden de Melquisedec.
7 Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. 8 Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. 9 De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10 porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
EL SACERDOCIO Y EL SACRIFICIO DE LA NUEVA ALIANZA
10La presentación de Cristo como Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza constituye el aporte más original e importante de la Carta a los Hebreos. Pero ¿cómo se puede hablar del sacerdocio de Cristo, si él no ejerció ninguna función cultual durante su vida terrena y ni siquiera pertenecía a la tribu sacerdotal de Leví? El autor es consciente de la dificultad que ofrece este tema, ya anticipado en los capítulos anteriores. Sin embargo, se decide a abordarlo, a fin de no privar a sus destinatarios del «alimento sólido» que ellos necesitan para llegar a la madurez de su fe y alcanzar el objeto de su esperanza (5. 11-14).
10Apoyándose en el testimonio del Antiguo Testamento, y por medio de razonamientos no siempre del todo claros, el autor afirma la absoluta novedad del sacerdocio de Cristo con respecto al sacerdocio levítico. Este nuevo sacerdocio, que supera al antiguo, al mismo tiempo que lo lleva a su perfección, no está vinculado con el de Aarón. Jesús es sacerdote «según el orden de Melquisedec» (5. 6; 6. 20), aquel personaje misterioso del que habla el libro del Génesis y ante quien el mismo patriarca Abraham tuvo que inclinarse para recibir su bendición y ofrecerle el diezmo del botín (7. 4). Y solamente Cristo, como hombre entre los hombres e Hijo eterno de Dios, pudo ofrecer en la Cruz el único verdadero Sacrificio de expiación y reconciliación, que sustituyó de una vez para siempre todos los sacrificios y ofrendas de la Antigua Alianza. No hay por qué añorar el pasado. El culto del antiguo Templo ha quedado superado definitivamente, ya que no era nada más que «la sombra de los bienes futuros» (10. 1).
EXHORTACIÓN INICIAL
El perfeccionamiento de la fe
11 Sobre esto tendríamos que decir muchas cosas, pero es difícil explicárselas, porque ustedes son lentos para comprender. 12 Aunque ya es tiempo de que sean maestros, ustedes necesitan que se les enseñen nuevamente los rudimentos de la Palabra de Dios: han vuelto a tener necesidad de leche, en lugar de comida sólida. 13 Ahora bien, el que se alimenta de leche no puede entender la doctrina de la justicia, porque no es más que un niño. 14 El alimento sólido es propio de los adultos, de aquellos que por la práctica tienen la sensibilidad adiestrada para discernir entre el bien y el mal.

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