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El Libro del Pueblo de Dios

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Primera Carta de san Juan

La verdadera y la falsa inspiración
4
1 Queridos míos, no crean a cualquiera que se considere inspirado:
1 pongan a prueba su inspiración,
1 para ver si procede de Dios,
1 porque han aparecido en el mundo
1 muchos falsos profetas.
2 En esto reconocerán al que está inspirado por Dios:
2 todo el que confiesa
2 a Jesucristo manifestado en la carne,
2 procede de Dios.
3 Y todo el que niega a Jesús,
3 no procede de Dios,
3 sino que está inspirado por el Anticristo,
3 por el que ustedes oyeron decir que vendría
3 y ya está en el mundo.
4 Hijos míos,
4 ustedes son de Dios
4 y han vencido a esos falsos profetas,
4 porque aquel que está en ustedes
4 es más grande que el que está en el mundo.
5 Ellos son del mundo,
5 por eso hablan el lenguaje del mundo
5 y el mundo los escucha.
6 Nosotros, en cambio, somos de Dios.
6 El que conoce a Dios nos escucha,
6 pero el que no es de Dios no nos escucha.
6 Y en esto distinguiremos
6 la verdadera de la falsa inspiración.
EXHORTACIÓN A VIVIR EN EL AMOR
6El tema del amor está latente en toda esta Carta, pero llega a su punto culminante en la última parte. «Dios es luz», nos había dicho Juan al comienzo, y ahora nos anuncia: «Dios es amor». Aquí nos encontramos con una de las páginas más admirables de la Biblia. Decir «Dios» es decir «amor», el Amor con mayúscula. Por eso el Apóstol afirma tan lapidariamente: «el que no ama no ha conocido a Dios» (4. 8). Sólo el que ama lo conoce y entra en íntima comunión con él. Pretender amar a Dios sin amar a los hermanos es el peor de los engaños (4. 20).
6Pero Juan afirma también que «la señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios» (5. 2). No se trata de una contradicción. El autor de la Carta quiere enseñarnos que únicamente el que ama de veras a Dios puede amar a los hombres como «hijos de Dios». O sea, de una manera nueva y mucho más profunda, descubriendo en ellos lo que escapa al mero conocimiento humano. Y para amar así a los hombres, es necesaria la fe en Jesucristo, en quien el amor de Dios se hizo plenamente visible. El que tiene esa fe «vence al mundo» (5. 5) con la fuerza del amor.
Dios es amor
7 Queridos míos,
7 amémonos los unos a los otros,
7 porque el amor procede de Dios,
7 y el que ama ha nacido de Dios
7 y conoce a Dios.
8 El que no ama no ha conocido a Dios,
8 porque Dios es amor.
9 Así Dios nos manifestó su amor:
9 envió a su Hijo único al mundo,
9 para que tuviéramos Vida por medio de él.
10 Y este amor no consiste
10 en que nosotros hayamos amado a Dios,
10 sino en que él nos amó primero,
10 y envió a su Hijo
10 como víctima propiciatoria por nuestros pecados.
11 Queridos míos,
11 si Dios nos amó tanto,
11 también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
12 Nadie ha visto nunca a Dios:
12 si nos amamos los unos a los otros,
12 Dios permanece en nosotros
12 y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.
13 La señal de que permanecemos en él
13 y él permanece en nosotros,
13 es que nos ha comunicado su Espíritu.
14 Y nosotros hemos visto y atestiguamos
14 que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
15 El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios,
15 permanece en Dios,
15 y Dios permanece en él.
16 Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene
16 y hemos creído en él.
16 Dios es amor,
16 y el que permanece en el amor
16 permanece en Dios,
16 y Dios permanece en él.
La plenitud del amor
17 La señal de que el amor
17 ha llegado a su plenitud en nosotros,
17 está en que tenemos plena confianza
17 ante el día del Juicio,
17 porque ya en este mundo
17 somos semejantes a él.
18 En el amor no hay lugar para el temor:
18 al contrario, el amor perfecto elimina el temor,
18 porque el temor supone un castigo,
18 y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor.
19 Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.
20 El que dice: «Amo a Dios»,
20 y no ama a su hermano, es un mentiroso.
20 ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve,
20 el que no ama a su hermano, a quien ve?
21 Este es el mandamiento
21 que hemos recibido de él:
21 el que ama a Dios
21 debe amar también a su hermano.

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