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El Libro del Pueblo de Dios

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Segundo Libro de Samuel

35PREEMINENCIA DE DAVID Y DECADENCIA DE SAÚL
35El resto del primer libro de Samuel se ocupa casi exclusivamente de las relaciones de Saúl con David. Saúl constituye el fondo oscuro del cuadro, sobre el que se destaca cada vez más la excepcional personalidad de David. Los triunfos y la popularidad del joven guerrero despiertan los celos y la furia homicida del rey, cuyo carácter tiránico y desequilibrado hace resaltar, por contraposición, la magnanimidad y nobleza de su rival.
35La trayectoria de David comienza con su incorporación a la corte del rey Saúl y culmina con su elevación al trono de Judá y de Israel. Impulsado por su espíritu sagaz, por su amplitud de miras y su ardiente fe en el Señor, él librará definitivamente a su pueblo del yugo filisteo y hará de Israel una nación soberana. El recuerdo de estas hazañas y las promesas que le hizo el Señor, a él y a su dinastía (2 Sam. 7. 1-17), lo convirtieron en el prototipo del rey ideal y en el antepasado por excelencia del futuro Mesías. El mismo Jesús no rehusa ser llamado “Hijo de David” (Mt. 20. 30-31; 21. 9), y este es precisamente el título que se le da al comienzo del Nuevo Testamento (Mt. 1. 1).
La unción de David
16
1 El Señor dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado para que no reine más sobre Israel? ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey”. 2 Samuel respondió: “¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me matará”. Pero el Señor replicó: “Llevarás contigo una ternera y dirás: ‘Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor’. 3 Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que debes hacer: tú me ungirás al que yo te diga”.
4 Samuel hizo lo que el Señor le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro muy atemorizados, y le dijeron: “¿Vienes en son de paz, vidente?”. 5 “Sí, respondió él; vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio”. Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio.
6 Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido”. 7 Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón”. 8 Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: “Tampoco a este ha elegido el Señor”. 9 Luego hizo pasar a Sammá; pero Samuel dijo: “Tampoco a este ha elegido el Señor”. 10 Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha elegido a ninguno de estos”.
11 Entonces Samuel preguntó a Jesé: “¿Están aquí todos los muchachos?”. Él respondió: “Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí”. 12 Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque es este”. 13 Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David. Samuel, por su parte, partió y se fue a Ramá.
David al servicio de Saúl
14 El espíritu del Señor se había retirado de Saúl, y lo atormentaba un mal espíritu, enviado por el Señor. 15 Sus servidores le dijeron: “Un mal espíritu de Dios no deja de atormentarte. 16 Basta que nuestro señor lo diga, y los servidores que te asisten buscarán un hombre que sepa tocar la cítara. Así, cuando te asalte el mal espíritu de Dios, él tocará la cítara, y tú te sentirás aliviado”. 17 Saúl respondió a sus servidores: “Sí, búsquenme un hombre que toque bien y tráiganlo”. 18 Entonces intervino uno de sus servidores, diciendo: “Justamente he visto a un hijo de Jesé, el de Belén, que sabe tocar. Además, es valiente y hábil guerrero; habla muy bien, tiene buena presencia y el Señor está con él”.
19 Entonces Saúl envió unos mensajeros a Jesé para decirle: “Envíame a tu hijo David, que está con el rebaño”. 20 Jesé tomó un asno, pan, un odre de vino y un cabrito, y se los envió a Saúl con su hijo David. 21 David se presentó a Saúl y se puso a su servicio. Saúl le tomó un gran afecto y lo hizo su escudero. 22 Luego mandó decir a Jesé: “Que David se quede a mi servicio porque me ha caído bien”. 23 Y cuando un espíritu de Dios asaltaba a Saúl, David tomaba la cítara y tocaba. Saúl se calmaba y se sentía aliviado, y el mal espíritu se retiraba de él.

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