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El Libro del Pueblo de Dios

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Segundo Libro de los Reyes

18CRÓNICA DE LA SUCESIÓN AL TRONO DE DAVID
18En los últimos años de su reinado, David vivió muchas horas amargas. El jefe guerrero que supo consolidar un reino, se mostró más de una vez demasiado condescendiente con sus hijos, y esta debilidad le impidió ejercer una autoridad efectiva sobre su familia. Así se creó el clima propicio para los conflictos domésticos y las rebeliones que nos relata la “Crónica de la sucesión al trono de David”, obra compuesta por un testigo presencial, en una época bastante cercana a los hechos. El narrador quiere mostrar cómo Salomón llegó a ser el legítimo sucesor de David, a través de una serie de circunstancias dramáticas e imprevisibles que hicieron fracasar una tras otra las ambiciones de los demás pretendientes al trono.
18Por su valor literario y su manera de presentar los acontecimientos, esta crónica ocupa un lugar de excepción en toda la historiografía del Antiguo Oriente. Los hechos reviven ante nosotros en una sucesión de cuadros, que revelan el arte de un agudo observador y de un narrador sobrio e imparcial. De un modo particular, el carácter de David aparece lleno de contrastes, como lo pone de manifiesto el comienzo mismo de la narración. Las consecuencias de su pasión por Betsabé lo llevan a cometer un crimen fríamente premeditado. Pero el reproche del profeta Natán lo hace recapacitar sobre la gravedad de su pecado y provoca en él un sincero arrepentimiento. Ante esta muestra de miseria y de grandeza, el narrador no emite ningún juicio. Deja que los hechos hablen por sí mismos.
David y Meribaal, hijo de Jonatán
9
1 David preguntó: “¿Queda algún sobreviviente de la casa de Saúl, a quien yo pueda darle una prueba de lealtad, por amor a Jonatán?”. 2 Y como la casa de Saúl había tenido un servidor llamado Sibá, se lo presentaron a David. El rey le dijo: “¿Tú eres Sibá?”. Él respondió: “Sí, para servirte”. 3 Entonces el rey le preguntó: “¿Queda todavía alguien de la casa de Saúl, para que yo pueda cumplir con él el compromiso de fidelidad contraído ante Dios?”. Sibá respondió al rey: “Queda todavía un hijo de Jonatán, que es lisiado de ambos pies”. 4 “¿Dónde está?”, le dijo el rey. Sibá le respondió: “Está en la casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lo Dabar”. 5 Y el rey David mandó a buscarlo a la casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lo Dabar.
6 Cuando Meribaal, hijo de Jonatán, se presentó ante David, cayó con el rostro en tierra y se postró. David le dijo: “¡Meribaal!”. “Aquí estoy, para servirte”, respondió él. 7 Luego David añadió: “No tengas miedo. Quiero darte una prueba de fidelidad, por amor a tu padre Jonatán. Voy a devolverte todas las tierras de tu antepasado Saúl, y tú compartirás siempre la mesa conmigo”. 8 Meribaal se postró y dijo: “¿Quién es tu servidor, para que te fijes en un perro muerto como yo?”.
9 Después el rey llamó a Sibá, el servidor de Saúl, y le dijo: “Todo lo que pertenecía a Saúl y a su familia, se lo doy al hijo de tu señor. 10 Tú trabajarás la tierra para él, y lo mismo harán tus hijos y tus esclavos. Lo que tú aportes, servirá de alimento para la casa de tu señor. En cuanto a Meribaal, compartirá siempre la mesa conmigo”. Sibá, que tenía quince hijos y veinte esclavos, 11 respondió al rey: “Tu servidor obrará en todo conforme a lo que ha mandado el rey, mi señor”.
11 Meribaal comía en la mesa de David, como uno de los hijos del rey. 12 El tenía un hijo pequeño, llamado Micá. Todos los que vivían en la casa de Sibá estaban al servicio de Meribaal, 13 y este habitaba en Jerusalén, porque compartía siempre la mesa del rey. Meribaal rengueaba de ambos pies.

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