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El Libro del Pueblo de Dios

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Primer Libro de los Reyes

12DAVID, REY DE JUDÁ Y DE ISRAEL
12El reino del Norte, que desde la muerte de Saúl se debate en la anarquía, termina por reconocer a David como rey. Así Israel y Judá, sin dejar de ser dos reinos distintos, tienen ahora un solo monarca. Al ceñir la doble corona, David neutraliza por un momento el arraigado antagonismo entre el Norte y el Sur. Sin embargo, la tensión seguirá latente, hasta provocar la ruptura definitiva después de la muerte de Salomón (1 Rey. 12).
12Para consolidar la unidad, David decide establecer una nueva capital. La ciudad elegida es Jerusalén, una antiquísima plaza fuerte cananea, que no pertenecía ni debía lealtad a ninguna de las tribus israelitas. La conquista de Jerusalén se realiza en un ataque sorpresivo, llevado a cabo por los hombres de David y no por soldados reclutados entre las tribus de Israel. De esa manera, Jerusalén se convierte en la “Ciudad de David”. Un tiempo después, el traslado del Arca de la Alianza a la nueva capital, la convierte en la “Ciudad de Dios” y en el centro religioso de “todo” Israel.
12En el apogeo de su reinado, David se propone erigir un Templo para el Arca de la Alianza. El profeta Natán, en nombre del Señor, se opone a ese proyecto. Pero David recibe, en cambio, grandes promesas para su dinastía. Por medio del profeta, el Señor le anuncia que ha establecido en favor de él una Alianza eterna y le promete que su dinastía permanecerá para siempre. Esta promesa hará surgir en Israel la esperanza mesiánica.
David ungido rey de Israel
121 Crón. 11. 1-3
5
1 Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron:
1 “¡Nosotros somos de tu misma sangre! 2 Hace ya mucho tiempo, cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: ‘Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel’”.
3 Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón, delante del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.
4 David tenía treinta años cuando comenzó a reinar y reinó cuarenta años. 5 En Hebrón reinó siete años y seis meses sobre Judá, y en Jerusalén, treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.
La conquista de Jerusalén
51 Crón. 11. 4-9
6 El rey avanzó con sus hombres sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban en el país. Pero estos dijeron a David: “Tú no entrarás aquí. Los ciegos y los inválidos bastarán para impedírtelo”. Con esto querían decir: “David nunca podrá entrar aquí”. 7 Sin embargo, David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la Ciudad de David. 8 Aquel día, él había dicho: “El que quiera derrotar a los jebuseos, que se meta por el canal. En cuanto a los ciegos y a los inválidos, David siente aversión por ellos”. Por eso se dice: “El ciego y el lisiado no entrarán en la Casa”.
9 David se instaló en la fortaleza, y la llamó Ciudad de David. Luego construyó la ciudad en derredor, desde el Terraplén hacia el interior. 10 Así David se iba engrandeciendo cada vez más, y el Señor, el Dios de los ejércitos, estaba con él.
La casa y la familia de David en Jerusalén
101 Crón. 14. 1-7
11 Jirám, rey de Tiro, envió una embajada a David, con madera de cedro, carpinteros y talladores de piedra, para que le edificaran una casa. 12 David reconoció entonces que el Señor lo había confirmado como rey de Israel y que había enaltecido su realeza por amor a su pueblo Israel.
13 David tomó otras concubinas y esposas después que llegó de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. 14 Estos son los nombres de los hijos que tuvo en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15 Ibjar, Elisúa, Néfeg, Iafía, 16 Elisamá, Eliadá y Elifélet.
Dos victorias de David sobre los filisteos
17 Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David rey de Israel, subieron todos para atacarlo. David se enteró y bajó al refugio. 18 Los filisteos llegaron y se desplegaron en el valle de Refaím. 19 Entonces David consultó al Señor, diciendo: “¿Debo subir contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?”. El Señor respondió a David: “Sube, porque ciertamente pondré a los filisteos en tus manos”. 20 En seguida David se dirigió hacia Baal Perasím, y allí los derrotó. David dijo: “El Señor ha abierto ante mí una brecha entre mis enemigos, como una brecha abierta por las aguas”. Por eso aquel lugar se llamó Baal Perasím, que significa “Señor de las brechas”. 21 Como los filisteos habían abandonado allí sus ídolos, David y sus hombres se los llevaron.
22 Luego los filisteos subieron una vez más, y se desplegaron por el valle de Refaím. 23 David consultó al Señor, y él respondió: “No subas de frente; da una vuelta por detrás de ellos, y atácalos por el lado de las moreras. 24 Cuando oigas un ruido como de pasos por las copas de las moreras, irrumpe decididamente, porque entonces el Señor saldrá delante de ti a derrotar el campamento de los filisteos”. 25 David lo hizo tal como se lo había ordenado el Señor, y derrotó a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada de Guezer.

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