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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

97 (96)
13La frase inicial de este “Himno a la realeza del Señor” (Sal 47; 93; 96; 98 - 99) es una solemne proclamación, que anuncia el advenimiento del Reino de Dios, inaugurado por una teofanía de la que participan todos los elementos de la naturaleza (vs. 1-5). Esta manifestación del Señor como Rey signifca el triunfo definitivo de la justicia (v. 6) y es un motivo de júbilo para su Pueblo (vs. 8, 11). La exhortación final (v. 12) parece estar dirigida a la comunidad congregada en el Templo, que actualizaba cultualmente la victoria del Señor sobre sus enemigos y el establecimiento de su Reino.
LA MANIFESTACIÓN DE LA REALEZA DIVINA
1 ¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
1 regocíjense las islas incontables.
2 Nubes y Tinieblas lo rodean,
2 la Justicia y el Derecho son
2 la base de su trono.
3 Un fuego avanza ante él
3 y abrasa a los enemigos a su paso;
4 sus relámpagos iluminan el mundo;
4 al verlo, la tierra se estremece.
5 Las montañas se derriten como cera
5 delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
6 Los cielos proclaman su justicia
6 y todos los pueblos contemplan su gloria.
7 Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,
7 los que se glorían en dioses falsos;
7 todos los dioses se postran ante él.
8 Sión escucha y se llena de alegría,
8 se regocijan las ciudades de Judá,
8 a causa de tus juicios, Señor.
9 Porque tú, Señor, eres el Altísimo:
9 estás por encima de toda la tierra,
9 mucho más alto que todos los dioses.
10 Tú amas, Señor, a los que odian el mal,
10 proteges la vida de tus fieles
10 y los libras del poder de los malvados.
11 Nace la luz para el justo,
11 y la alegría para los rectos de corazón.
12 Alégrense, justos, en el Señor
12 y alaben su santo Nombre.

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