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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

95 (94)
23Las dos partes que componen este Salmo corresponden a otros tantos momentos de una solemne acción litúrgica. La primera (vs. 1-7) es un canto procesional dirigido a la comunidad para invitarla a ingresar jubilosamente en la morada del Señor. En la segunda parte (vs. 8-11) se escucha un oráculo del Señor, que exhorta a Israel a no imitar la incredulidad y la rebeldía de sus antepasados en el desierto.
LITURGIA PROCESIONAL DE ENTRADA AL SANTUARIO
Invitación a la alabanza
1 ¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
1 aclamemos a la Roca que nos salva!
2 ¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
2 aclamemos con música al Señor!
3 Porque el Señor es un Dios grande,
3 el soberano de todos los dioses:
4 en su mano están los abismos de la tierra,
4 y son suyas las cumbres de las montañas;
5 suyo es el mar, porque él lo hizo,
5 y la tierra firme, que formaron sus manos.
6 ¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
6 ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
7 Porque él es nuestro Dios,
7 y nosotros, el pueblo que él apacienta,
7 las ovejas conducidas por su mano.
Exhortación a la fidelidad
7 Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
8 “No endurezcan su corazón como en Meribá,
8 como en el día de Masá, en el desierto,
9 cuando sus padres me tentaron y provocaron,
9 aunque habían visto mis obras.
10 Cuarenta años me disgustó esa generación,
10 hasta que dije:
10 ‘Es un pueblo de corazón extraviado,
10 que no conoce mis caminos’.
11 Por eso juré en mi indignación:
11 ‘Jamás entrarán en mi Reposo’”.

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