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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

84 (83)
19Al llegar a Jerusalén, un peregrino entona esta alabanza al Templo de Sión, Morada del Señor y lugar donde se manifiesta su presencia. Con profundo lirismo, evoca su ansia de Dios que lo trajo hasta el Santuario (v. 3), las etapas recorridas por los peregrinos (vs. 7-8) y la felicidad de encontrarse en la Casa del Señor (vs. 5, 11).
FERVIENTE ANHELO DEL PEREGRINO
1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. De los hijos de Coré. Salmo.
2 ¡Qué amable es tu Morada,
2 Señor del Universo!
3 Mi alma se consume de deseos
3 por los atrios del Señor;
3 mi corazón y mi carne claman ansiosos
3 por el Dios viviente.
4 Hasta el gorrión encontró una casa,
4 y la golondrina tiene un nido
4 donde poner sus pichones,
4 junto a tus altares, Señor del universo,
4 mi Rey y mi Dios.
5 ¡Felices los que habitan en tu Casa
5 y te alaban sin cesar! Pausa
6 ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti,
6 al emprender la peregrinación!
7 Al pasar por el valle árido,
7 lo convierten en un oasis;
7 caen las primeras lluvias,
7 y lo cubren de bendiciones;
8 ellos avanzan con vigor siempre creciente
8 hasta contemplar a Dios en Sión.
9 Señor del universo, oye mi plegaria,
9 escucha, Dios de Jacob; Pausa
10 protege, Dios, a nuestro Escudo
10 y mira el rostro de tu Ungido.
11 Vale más un día en tus atrios
11 que mil en otra parte;
11 yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios
11 antes que vivir entre malvados.
12 Porque el Señor es sol y escudo;
12 el Señor da la gracia y la gloria,
12 y no niega sus bienes
12 a los que proceden con rectitud.
13 ¡Señor del universo,
13 feliz el hombre que confía en ti!

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