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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

64 (63)
12Esta súplica se caracteriza por las expresivas imágenes con que el salmista describe las insidias de sus adversarios (vs. 2-7), y la intervención victoriosa del Señor en defensa de la justicia (vs. 8-9). En la parte final del Salmo, se presenta el castigo de los malvados como un saludable llamado a la reflexión (v. 10), y como un motivo de alegría y seguridad para los que viven rectamente (v. 11).
EL CASTIGO DE LOS MALHECHORES
1 Del maestro de coro. Salmo de David.
2 Dios mío, escucha la voz de mi lamento,
2 protégeme del enemigo temible.
3 Apártame de la conjuración de los malvados,
3 de la agitación de los que hacen el mal.
4 Ellos afilan su lengua como una espada
4 y apuntan como flechas sus palabras venenosas,
5 para disparar a escondidas contra el inocente,
5 tirando de sorpresa y sin ningún temor.
6 Se obstinan en sus malos propósitos
6 y esconden sus trampas con astucia,
6 pensando: “¿Quién podrá verlo?”.
7 Proyectan maldades y disimulan sus proyectos:
7 su interior es un abismo impenetrable.
8 Pero Dios los acribilla a flechazos
8 y quedan heridos de improviso;
9 su misma lengua los lleva a la ruina,
9 y aquellos que los ven mueven la cabeza.
10 Por eso, todos los hombres sentirán temor:
10 proclamarán esta obra de Dios
10 y reconocerán lo que él hizo.
11 El justo se alegrará en el Señor
11 y encontrará un refugio en él;
11 y se gloriarán todos los rectos de corazón.

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