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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

48 (47)
10Este vibrante poema -lo mismo que el Salmo 46- es una expresión de fe y de confianza en el Señor, cuya presencia en el Templo de Sión hacía de Jerusalén la “Ciudad de Dios” (v. 9) y era una garantía de seguridad para Israel (v. 4). Los vs. 5-8 parecen ser, más que la descripción de un hecho histórico determinado (2 Rey. l9. 35), la representación poética de todos los peligros que podían amenazar a la Ciudad santa, y que ella debía desafiar confiadamente, porque el Señor era su baluarte inexpugnable. Los versículos finales (l3-l5) son un canto procesional, dirigido a los peregrinos que iban a Jerusalén con motivo de las grandes festividades (Éx. 23. l4-l7).
10Este Salmo -junto con los Salmos 46; 76; 87- pertenece al grupo de los llamados “Cantos de Sión”.
CANTO DE ALABANZA A LA CIUDAD DE DIOS
1 Canto. Salmo de los hijos de Coré.
El Señor, baluarte de Sión
2 El Señor es grande y digno de alabanza,
2 en la Ciudad de nuestro Dios.
3 Su santa Montaña, la altura más hermosa,
3 es la alegría de toda la tierra.
3 La Montaña de Sión, la Morada de Dios,
3 es la Ciudad del gran Rey:
4 el Señor se manifestó como un baluarte
4 en medio de sus palacios.
La victoria del Señor en Sión
5 Porque los reyes se aliaron
5 y avanzaron unidos contra ella;
6 pero apenas la vieron quedaron pasmados
6 y huyeron despavoridos.
7 Allí se apoderó de ellos el terror
7 y dolores como los del parto,
8 como cuando el viento del desierto
8 destroza las naves de Tarsis.
Reconocimiento de la victoria del Señor
9 Hemos visto lo que habíamos oído
9 en la Ciudad de nuestro Dios,
9 en la Ciudad del Señor de los ejércitos,
9 que él afianzó para siempre.
10 Nosotros evocamos tu misericordia
10 en medio de tu Templo, Señor.
11 Tu alabanza, lo mismo que tu renombre,
11 llega hasta los confines de la tierra.
11 Tu derecha está llena de justicia:
12 se alegra la Montaña de Sión;
12 las ciudades de Judá se regocijan
12 a causa de tus juicios.
Exhortación a los peregrinos de Sión
13 Den una vuelta alrededor de Sión
13 y cuenten sus torreones;
14 observen sus baluartes y miren sus palacios,
14 para que puedan decir a la próxima generación:
15 “Así es el Señor, nuestro Dios”.
15 Él nos guiará eternamente.

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