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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

38 (37)
40Este Salmo es la súplica de un enfermo (vs. 3-4) que padece, además, de una penosa enfermedad (vs. 6-11), el abandono de sus amigos y la persecución de sus enemigos (vs. l2-13). El salmista tiene una viva conciencia de su pecado (v. 5), pero no ha perdido la esperanza (v. 16), y aguarda pacientemente que el Señor no lo abandone y le devuelva la salud (vs. 22-23).
40Este es uno de los Salmos llamados “Oraciones de los enfermos” (Sal. 6; 41; 88; 102. 2-12). La tradición cristiana lo ha incluido en el grupo de los Salmos “penitenciales” (Sal. 6; 32; 51; 102; 130; 143).
SÚPLICA DE UN ENFERMO QUE SE RECONOCE CULPABLE
1 Salmo de David. En memoria.
Intensidad de los sufrimientos
2 Señor, no me reprendas por tu enojo
2 ni me castigues por tu indignación.
3 Porque me han traspasado tus flechas
3 y tu brazo se descargó sobre mí:
4 no hay parte sana en mi carne,
4 a causa de tu furor.
4 No hay nada intacto en mis huesos,
4 a causa de mis pecados;
5 me siento ahogado por mis culpas:
5 son como un peso que supera mis fuerzas.
6 Mis heridas hieden y supuran,
6 a causa de mi insensatez;
7 estoy agobiado, decaído hasta el extremo,
7 y ando triste todo el día.
8 Siento un ardor en mis entrañas,
8 y no hay parte sana en mi carne;
9 estoy agotado, deshecho totalmente,
9 y rujo con más fuerza que un león.
10 Tú, Señor, conoces todos mis deseos,
10 y no se te ocultan mis gemidos:
11 mi corazón palpita, se me acaban las fuerzas,
11 y me falta hasta la luz de mis ojos.
12 Mis amigos y vecinos se apartan de mis llagas,
12 mis parientes se mantienen a distancia;
13 los que atentan contra mí me tienden lazos,
13 y los que buscan mi ruina me amenazan de muerte;
13 todo el día proyectan engaños.
Paciencia y confianza en medio del dolor
14 Pero yo, como un sordo, no escucho;
14 como un mudo, no abro la boca:
15 me parezco a uno que no oye
15 y no tiene nada que replicar.
16 Yo espero en ti, Señor:
16 tú me responderás, Señor, Dios mío.
17 Sólo te pido que no se rían de mí,
17 ni se aprovechen cuando tropiecen mis pies.
18 Porque estoy a punto de caer
18 y el dolor no se aparta de mí:
19 sí, yo confieso mi culpa
19 y estoy lleno de pesar por mi pecado.
20 Mi enemigos mortales son fuertes;
20 y son muchos los que me odian sin motivo,
21 los que me retribuyen con maldades
21 y me atacan porque busco el bien.
22 Pero tú, Señor, no me abandones,
22 Dios mío, no te quedes lejos de mí;
23 ¡apresúrate a venir en mi ayuda,
23 mi Señor, mi salvador!

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