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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

3
12Rodeado de enemigos que tratan de quitarle la confianza en Dios (v. 3), el salmista se pone totalmente bajo la protección divina. Su confianza se funda en el recuerdo de la ayuda que recibió del Señor en circunstancias similares (vs. 4-5, 8). La “multitud innumerable” mencionada en el v. 7 (literalmente, “un ejército de diez mil”), podría indicar que este Salmo fue inicialmente la súplica de un rey o de un jefe militar, y que sólo más tarde comenzó a ser recitado por el común de los fieles.
12La tradición cristiana, apoyándose en el v. 6, ha utilizado este Salmo como oración de la mañana.
LA CONFIANZA EN DIOS, GARANTÍA DE SEGURIDAD
1 Salmo de David. Cuando huía de su hijo Absalón.
2 Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios,
2 cuántos los que se levantan contra mí!
3 ¡Cuántos son los que dicen de mí:
3 “Dios ya no quiere salvarlo”! Pausa
4 Pero tú eres mi escudo protector y mi gloria,
4 tú mantienes erguida mi cabeza.
5 Invoco al Señor en alta voz
5 y él me responde desde su santa Montaña.
6 Yo me acuesto y me duermo,
6 y me despierto tranquilo
6 porque el Señor me sostiene.
7 No temo a la multitud innumerable,
7 apostada contra mí por todas partes.
8 ¡Levántate, Señor!
8 ¡Sálvame, Dios mío!
8 Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos
8 y rompes los dientes de los malvados.
9 ¡En ti, Señor, está la salvación,
9 y tu bendición sobre tu pueblo! Pausa

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