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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

142 (141)
10En medio de una obstinada persecución (vs. 4, 7) y sin esperanzas de encontrar una ayuda en los hombres (v. 5), el salmista invoca angustiosamente al Señor (vs. 2, 7), que es su único refugio (v. 6). Confiado en su pronta liberación, promete reconocer públicamente los favores recibidos de Dios, para alegría y edificación de los justos (v. 8).
ORACIÓN DE UN AFLIGIDO
1 Poema de David. Cuando estaba en la cueva. Oración.
2 Invocaré al Señor con toda mi voz,
2 con toda mi voz suplicaré al Señor;
3 expondré mi queja ante él,
3 expresaré mi angustia en su presencia.
4 Ya se me acaba el aliento,
4 pero tú conoces mi camino:
4 en la senda por donde voy
4 me han ocultado una trampa.
5 Miro a la derecha, observo,
5 y no hay nadie que se ocupe de mí;
5 ya no tengo dónde refugiarme,
5 nadie se interesa por mi vida.
6 Por eso clamo a ti, Señor,
6 y te digo: “Tú eres mi refugio,
6 mi herencia en la tierra de los vivientes”.
7 Atiende a mi clamor,
7 porque estoy en la miseria;
7 líbrame de mis perseguidores,
7 porque son más fuertes que yo.
8 Sácame de la prisión,
8 y daré gracias a tu Nombre:
8 porque los justos esperan
8 que me concedas tu favor.

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