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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

141 (140)
14En esta súplica, el salmista pide al Señor que lo libre del doble peligro que lo amenaza: la hostilidad de sus enemigos (v. 9) y la tentación de dejarse arrastrar por los malos deseos, imitando la maledicencia y los excesos de los impíos (vs. 3-4). Su voluntad de resistir a las seducciones del mal, incluye también la buena disposición para aceptar las advertencias de los justos, aunque resulten penosas (v. 5).
PLEGARIA CONTRA LAS SEDUCCIONES DEL MAL
1 Salmo de David.
1 Yo te invoco, Señor, ven pronto en mi ayuda:
1 escucha mi voz cuando te llamo;
2 que mi oración suba hasta ti como el incienso,
2 y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde.
3 Coloca, Señor, un guardián en mi boca
3 y un centinela a la puerta de mis labios;
4 no dejes que mi corazón se incline a la maldad,
4 o a cometer delitos con hombres perversos.
4 ¡No, nunca gustaré de sus manjares!
5 Que el justo me golpee como amigo y me corrija,
5 pero que el óleo del malvado no perfume mi cabeza:
5 yo seguiré oponiendo mi oración a sus maldades.
6 Sus príncipes cayeron despeñados,
6 esos que se complacían en oírme decir:
7 “Como una piedra de molino hecha pedazos
7 están esparcidos nuestros huesos
7 ante las fauces del Abismo”.
8 Pero mis ojos, Señor, están fijos en ti:
8 en ti confío, no me dejes indefenso.
9 Protégeme del lazo que me han tendido
9 y de las trampas de los que hacen el mal.
10 ¡Caigan los malvados en sus propias redes,
10 mientras yo paso sin hacerme daño!

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