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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

137 (136)
26En este bello poema se expresan elocuentemente los sentimientos de los israelitas deportados a Babilonia: la profunda nostalgia que experimentaban al acordarse de su patria (v. I) y la tristeza que les provocaba el sarcasmo de sus opresores (v. 3).
26La destrucción de Jerusalén y del Templo, y la dura experiencia del exilio, explican de alguna manera el odio expresado en las invectivas contra Babilonia y contra todos los que se alegraron por la ruina de Israel (vs. 7-9).
LAMENTACIÓN DE LOS ISRAELITAS EN EL EXILIO
Nostalgia de Jerusalén
1 Junto a los ríos de Babilonia,
1 nos sentábamos a llorar,
1 acordándonos de Sión.
2 En los sauces de las orillas
2 teníamos colgadas nuestras cítaras.
3 Allí nuestros carceleros
3 nos pedían cantos,
3 y nuestros opresores, alegría:
3 “¡Canten para nosotros un canto de Sión!”.
4 ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor
4 en tierra extranjera?
5 Si me olvidara de ti, Jerusalén,
5 que se paralice mi mano derecha;
6 que la lengua se me pegue al paladar
6 si no me acordara de ti,
6 si no pusiera a Jerusalén
6 por encima de todas mis alegrías.
Imprecación contra los enemigos de Israel
7 Recuerda, Señor, contra los edomitas,
7 el día de Jerusalén,
7 cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
7 ¡Arrasen hasta sus cimientos!”.
8 ¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
8 feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
9 ¡Feliz el que tome a tus hijos
9 y los estrelle contra las rocas!

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