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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

130 (129)
8En esta súplica, el reconocimiento del propio pecado se une a la confiada seguridad de obtener el perdón divino. El salmista, lejos de sentise abandonado de Dios, se apoya en la conciencia de su propia indignidad, para acercarse a él. Con esta actitud implora el perdón y la protección, no sólo para sí mismo, sino también para todo su Pueblo.
8Este es uno de los Salmos llamados “penitenciales” (Sal. 6; 32; 38; 51; 102; 143), y la tradición cristiana lo utiliza preferentemente en la liturgia de los difuntos por su marcado tono de esperanza.
LA ESPERANZA DEL PERDÓN
1 Canto de peregrinación.
1 Desde lo más profundo te invoco, Señor.
2 ¡Señor, oye mi voz!
2 Estén tus oídos atentos
2 al clamor de mi plegaria.
3 Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
3 ¿quién podrá subsistir?
4 Pero en ti se encuentra el perdón,
4 para que seas temido.
5 Mi alma espera en el Señor,
5 y yo confío en su palabra.
6 Mi alma espera al Señor,
6 más que el centinela la aurora.
6 Como el centinela espera la aurora,
7 espere Israel al Señor,
7 porque en él se encuentra la misericordia
7 y la redención en abundancia:
8 él redimirá a Israel
8 de todos sus pecados.

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