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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

125 (124)
8El espectáculo de la Ciudad santa, protegida por un cerco de montañas, suscita la actitud de profunda confianza en Dios, que se refleja en este Salmo. La “herencia de los justos” (v. 3) es la tierra de Canaán, distribuida entre las tribus de Israel, por medio de un sorteo, en tiempos de Josué (18. 10-11). El “cetro de los malvados” -es decir, la dominación extranjera- pesa como una amenaza sobre ese territorio- pero la protección divina es una prenda de seguridad para sus fieles (v. 2).
LA SEGURIDAD DE LOS QUE CONFÍAN EN EL SEÑOR
1 Canto de peregrinación.
1 Los que confían en el Señor
1 son como el monte Sión,
1 que permanece inconmovible para siempre.
2 Jerusalén está rodeada de montañas:
2 así rodea el Señor a su pueblo,
2 desde ahora y para siempre.
3 No permanecerá el cetro de los malvados
3 sobre la herencia de los justos;
3 no sea que también los justos
3 inclinen sus manos a la maldad.
4 Colma de bienes, Señor, a los buenos
4 y a los rectos de corazón.
5 ¡Que el Señor haga ir con los malvados
5 a los que se desvían por caminos tortuosos!
5 ¡Paz a Israel!

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