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El Libro del Pueblo de Dios

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Salmos

113 (112)
10Este breve himno propone un doble motivo para alabar a Dios: su infinita grandeza, que trasciende todos los límites del universo (v. 4), y su admirable condescendencia, que lo mueve a “inclinarse” bondadosamente hacia la tierra (vs. 5-6), para elevar a los más pobres y desamparados (vs. 7-9).
10Con este Salmo se inicia una colección de seis poemas (Sal. 113 -118) que la tradición rabínica denomina “Halel”, palabra hebrea vinculada con la exclamación litúrgica “¡Aleluya!”. Estos Salmos eran cantados en las fiestas religiosas más importantes, sobre todo durante la celebración de la Cena pascual (Mt. 26. 30).
EL AMOR DEL SEÑOR POR LOS HUMILDES
1 ¡Aleluya!
1 Alaben, servidores del Señor,
1 alaben el nombre del Señor.
2 Bendito sea el nombre del Señor,
2 desde ahora y para siempre.
3 Desde la salida del sol hasta su ocaso,
3 sea alabado el nombre del Señor.
4 El Señor está sobre todas las naciones,
4 su gloria se eleva sobre el cielo.
5 ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
5 que tiene su morada en las alturas,
6 y se inclina para contemplar
6 el cielo y la tierra?
7 Él levanta del polvo al desvalido,
7 alza al pobre de su miseria,
8 para hacerlo sentar entre los nobles,
8 entre los nobles de su pueblo;
9 él honra a la mujer estéril en su hogar,
9 haciendo de ella una madre feliz.

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