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El Libro del Pueblo de Dios

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Primer Libro de los Macabeos

LA GUERRA DE LIBERACIÓN BAJO JUDAS MACABEO
(166-160 a. C.)
70Al morir su padre, en el 166 a.C., Judas Macabeo se pone al frente de las improvisadas tropas judías. A ejemplo de Josué y de los grandes jefes guerreros de Israel, él organiza la resistencia e imprime un impulso irresistible a la lucha por la independencia nacional considerada como único medio para alcanzar la libertada religiosa. Sus victorias sobre los generales de Antíoco IV Epífanes le abren el camino hacia Jerusalén, donde entra después de tres años de guerras continuas. Allí purifica el Templo y celebra solemnemente la fiesta de su Dedicación.
70Después de la muerte de Antíoco IV, Judas Macabeo emprende varias campañas por los países vecinos, para liberar a los judíos fieles a la Ley y castigar a sus perseguidores. Los sucesores de Antíoco realizan nuevos esfuerzos por contener la insurreción, pero fracasan en su intento. Cuando Judas comenzaba a consolidar sus posiciones mediante las negociaciones diplomáticas, las intrigas de sus propios compatriotas lo obligan a reanudar la lucha y él muere gloriosamente en el campo de batalla.
Elogio de Judas Macabeo
3
1 El sucesor de Matatías fue su hijo Judas, llamado Macabeo. 2 Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel.
3 Él extendió la gloria de su pueblo
3 y se revistió de la coraza como un héroe;
3 se ciñó sus armas de guerra y libró batallas,
3 protegiendo al ejército con su espada.
4 Fue como un león por sus hazañas,
4 como un cachorro que ruge
4 ante su presa.
5 Persiguió implacablemente a los impíos
5 y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo.
6 Los impíos se acobardaron ante él,
6 temblaron todos los que hacían el mal,
6 y gracias a él se logró la salvación.
7 Puso en aprieto a muchos reyes,
7 alegró a Jacob con sus proezas,
7 y su memoria será eternamente bendecida.
8 Recorrió las ciudades de Judá,
8 exterminó de ellas a los impíos
8 y apartó de Israel la ira de Dios.
9 Su fama llegó hasta los confines
9 de la tierra,
9 y congregó a los que estaban
9 a punto de perecer.
Las primeras victorias de Judas Macabeo
10 Apolonio reunió muchos paganos y un numeroso contingente de Samaría para hacer la guerra contra Israel. 11 Al enterarse de esto, Judas salió a su encuentro, lo derrotó y lo mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a al fuga. 12 Cuando recogieron el botín, Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre combatió con ella.
13 Serón, el capitán del ejército de Siria, al saber que Judas había agrupado alrededor de él un contingente de hombres adictos y dispuestos a combatir, 14 pensó: “Voy a hacerme famoso y a cubrirme de gloria en todo el reino, atacando a Judas y a sus secuaces, que intentan despreciar la orden del rey”. 15 Entonces reanudó la lucha y con él subió un poderoso ejército de impíos para ayudarlo a vengarse de los israelitas. 16 Cuando se acercó a la subida de Betjorón, Judas le salió al encuentro con unos pocos hombres. 17 Estos, al ver el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: “¿Cómo, siendo tan pocos, podremos combatir con una multitud tan poderosa? Además, estamos extenuados porque hoy no hemos comido nada en todo el día”. 18 Judas les respondió: “Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos, y al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos. 19 Porque la victoria en el combate no depende de la cantidad de las tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo. 20 Ellos nos atacan, llenos de insolencia y de impiedad, para exterminarnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y para apoderarse de nuestros despojos. 21 Nosotros, en cambio, luchamos por nuestra vida y por nuestras costumbres. 22 El Cielo los aplastará delante de nosotros: ¡no les tengan miedo!”. 23 Apenas terminó de hablar, se lanzó sorpresivamente sobre el enemigo, y Serón fue aplastado con todo su ejército. 24 Después los persiguieron por la pendiente de Betjorón hasta la llanura: allí murieron unos ochocientos hombres, y los demás huyeron al país de los filisteos.
25 Así Judas y sus hermanos comenzaron a ser temidos, y el pánico se extendió por las naciones vecinas. 26 Su fama llegó a oídos del rey, y por todas partes se comentaban las batallas de Judas.
Los preparativos bélicos de Antíoco IV
27 Al enterarse de esto, el rey Antíoco se enfureció y mandó reunir todas las fuerzas de su reino, un ejército poderosísimo. 28 Abrió su tesoro y pagó a las tropas el sueldo de un año, ordenándoles que estuvieran preparadas para cualquier eventualidad. 29 Entonces advirtió que se le había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las disensiones y calamidades que él había provocado en el país, al suprimir las costumbres vigentes desde tiempo inmemorial. 30 Por eso temió que no le alcanzara, como otras veces, para los gastos y los regalos que antes solía hacer espléndidamente, superando a los reyes que lo habían precedido. 31 Sumamente preocupado a causa de esto, resolvió ir a Persia para recoger los tributos de aquellas provincias y reunir así mucho dinero.
La regencia de Lisias
32 Mientras tanto, dejó a cargo del gobierno, desde el río Éufrates hasta la frontera de Egipto, a Lisias, miembro de la nobleza y de estirpe real. 33 Le confió la educación de su hijo Antíoco hasta su vuelta 34 y puso a su disposición la mitad de sus tropas y los elefantes, ordenándole todo lo que debía hacer, especialmente lo relativo a los habitantes de Judea y de Jerusalén: 35 él debía enviar un ejército para destruir y aplastar la fuerza de Israel, y lo que aún quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo. 36 Luego debía establecer extranjeros en todo su territorio y repartir entre ellos sus tierras. 37 El rey, por su parte, tomó consigo la otra mitad del ejército y partió de Antioquía, capital de su reino, el año ciento cuarenta y siete. Después de atravesar el río Éufrates, recorrió las provincias de la meseta.
La invasión de Judea
38 Lisias eligió a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, personas influyentes entre los Amigos del rey, 39 y los envió con cuarenta mil soldados y siete mil jinetes, para que invadieran el territorio de Judá y lo arrasaran, como lo había ordenado el rey. 40 Ellos partieron con todo su ejército y acamparon cerca de Emaús, en la llanura. 41 Al enterarse de su llegada, los mercaderes de la región se presentaron en el campamento con mucha plata y oro, y provistos también de cadenas para llevar como esclavos a los israelitas. A ellos se sumó un contingente de Siria y del país de los filisteos.
La reacción de Judas Macabeo
42 Judas y sus hermanos vieron que se habían agravado los males y que el ejército estaba acampado dentro de su territorio. También se enteraron de la consigna real de destruir al pueblo hasta aniquilarlo. 43 Entonces se dijeron unos a otros: “Libremos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por él y por el Santuario”. 44 Luego se convocó a la asamblea para prepararse a combatir, para orar y pedir piedad y misericordia.
45 Jerusalén estaba deshabitada
45 como un desierto,
45 ninguno de sus hijos entraba ni salía.
45 El Santuario había sido pisoteado,
45 los extranjeros ocupaban la Ciudadela,
45 convertida en albergue de los paganos.
45 Había desaparecido la alegría de Jacob,
45 y ya no se oía la flauta ni la cítara.
La reunión de los judíos en Mispá
46 Una vez reunidos, fueron a Mispá, frente a Jerusalén, porque antiguamente Israel había tenido allí un lugar de oración. 47 Aquel día ayunaron, se vistieron con un sayal, esparcieron ceniza sobre sus cabezas y rasgaron sus vestiduras. 48 Abrieron el libro de la Ley para descubrir en él lo que los paganos consultaban a sus ídolos. 49 Trajeron las vestiduras sacerdotales, las primicias y los diezmos, hicieron comparecer a los nazireos que habían cumplido el tiempo de su voto, 50 y levantaron su voz hacia el Cielo, diciendo: “¿Qué haremos con estos? ¿A dónde los llevaremos? 51 Tu Santuario ha sido pisoteado y profanado, tus sacerdotes están de duelo y humillados, 52 y ahí están los paganos, aliados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que traman contra nosotros. 53 ¿Cómo podremos hacerles frente, si tú no vienes en nuestra ayuda?”. 54 Luego, hicieron sonar las trompetas y lanzaron grandes alaridos.
La organización del ejército judío
55 Inmediatamente, Judas puso oficiales al frente del ejército: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez hombres. 56 A los que estaban construyendo su casa, a los que acababan de casarse o de plantar una viña y a los que tenían miedo, les ordenó que volvieran cada uno a su casa, conforme a la Ley. 57 Luego avanzó con el ejército y acampó al sur de Emaús. Judas les dijo: 58 “Cíñanse las armas, compórtense valerosamente y estén preparados mañana al amanecer para atacar a esos paganos que se han aliado contra nosotros a fin de destruirnos y destruir nuestro Santuario. 59 Porque es preferible para nosotros morir en el combate que ver las desgracias de nuestra nación y del Santuario. 60 ¡Se cumplirá lo que el Cielo disponga!”.
El triunfo de los israelitas en Emaús
60 4 1 Gorgias tomó cinco mil hombres y mil jinetes elegidos, y el ejército partió durante la noche 2 para atacar el campamento de los judíos y derrotarlos sorpresivamente. La gente de la Ciudadela los guiaba. 3 Cuando Judas se enteró de esto, salió con sus soldados para derrotar al ejército real que estaba en Emaús, 4 mientras el resto de las tropas estaban dispersas fuera del campamento. 5 Gorgias llegó de noche al campamento de Judas y al no encontrar a nadie, los estuvo buscando por las montañas, pensando que habían huido. 6 Al rayar el alba, Judas apareció en la llanura con tres mil hombres, pero estos no disponían de las armaduras ni de las espadas que hubieran deseado. 7 Ellos veían, en cambio, que el campamento de los paganos era poderoso y estaba bien fortificado, rodeado de la caballería y con hombres adiestrados para la guerra.
8 Judas dijo a sus hombres: “No teman a esa muchedumbre ni se asusten por sus ataques. 9 Recuerden cómo se salvaron nuestros padres en el Mar Rojo, cuando el Faraón los perseguía con un ejército. 10 Invoquemos ahora al Cielo para que tenga piedad de nosotros y se acuerde de la alianza que hizo con nuestros padres, derrotando hoy a este ejército delante de nosotros. 11 Así reconocerán todas las naciones que hay Alguien que libera y salva a Israel”.
12 Los extranjeros alzaron los ojos y, al ver que los judíos venían contra ellos, 13 salieron del campamento a presentar batalla. Los hombres de Judas hicieron sonar la trompeta 14 y entraron en combate. Los paganos fueron derrotados y huyeron hacia la llanura, 15 y los que habían quedado rezagados cayeron al filo de la espada. Los demás fueron perseguidos hasta Gázara y hasta las llanuras de Idumea, Azoto y Iamnia. Los que murieron fueron alrededor de tres mil hombres.
16 Cuando Judas y su ejército dejaron de perseguirlos, 17 Judas dijo al pueblo: “No tengan avidez por el botín, porque nos espera otra batalla. 18 Gorgias y su ejército están cerca de nosotros en la montaña: hagan frente a nuestros enemigos y combatan contra ellos; después podrán apoderarse libremente del botín”. 19 Apenas Judas terminó de hablar, se asomó por las montañas un destacamento enemigo. 20 Ellos vieron que los suyos habían huido y que el campamento había sido incendiado, porque el humo que se divisaba ponía de manifiesto lo que había sucedido. 21 Ante tal espectáculo se llenaron de espanto, y como vieron en la llanura al ejército de Judas, dispuesto a librar batalla, 22 huyeron todos al país de los filisteos. 23 Judas volvió entonces al campamento para saquearlo, y recogieron gran cantidad de oro y plata, telas de púrpura violeta y de púrpura marina, y muchas otras riquezas. 24 De regreso cantaban y bendecían al Cielo:
24 “Porque es bueno,
24 porque es eterno su amor”.
25 Israel obtuvo aquel día una gran victoria.
26 Los extranjeros que habían podido escapar se fueron a anunciar a Lisias todo lo que había sucedido. 27 Esta noticia lo dejó consternado y abatido, porque a Israel no le había sucedido lo que él deseaba y las cosas no habían salido como el rey se lo había ordenado.
Primera campaña y derrota de Lisias
28 Al año siguiente, Lisias reunió sesenta mil hombres elegidos y cinco mil jinetes para combatir contra los judíos. 29 Cuando llegaron a Idumea y acamparon en Betsur, Judas les salió al encuentro con diez mil hombres, 30 y al ver aquel poderoso ejército, hizo esta oración: “Bendito seas, Salvador de Israel, que aplastaste la soberbia del gigante por la mano de tu servidor David y entregaste el ejército de los filisteos en manos de Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero. 31 Entrega así este ejército en manos de tu pueblo Israel. Que ellos se sientan avergonzados de sus tropas y de su caballería. 32 Infúndeles miedo, quiebra la audacia que les da su fuerza y que se conmuevan por su derrota. 33 Derríbalos con la espada de los que te aman, para que te canten himnos de alabanza todos los que conocen tu Nombre”.
34 Cuando se enfrentaron los dos ejércitos, cayeron en el combate unos cinco mil hombres de Lisias. 35 Al ver la derrota sufrida por sus tropas y la intrepidez de los soldados de Judas, que estaban resueltos a vivir o a morir heroicamente, Lisias volvió a Antioquía, donde reclutó mercenarios con la intención de regresar a Judea con fuerzas más numerosas.
Purificación del Templo y Dedicación del altar
36 Judas y sus hermanos dijeron: “Nuestros enemigos han sido aplastados; subamos a purificar el Santuario y a celebrar su dedicación”. 37 Entonces se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión. 38 Cuando vieron el Santuario desolado, el altar profanado, las puertas completamente quemadas, las malezas crecidas en los atrios como en un bosque o en una montaña, y las salas destruidas, 39 rasgaron sus vestiduras, hicieron un gran duelo, se cubrieron la cabeza con ceniza 40 y cayeron con el rostro en tierra. Luego, a una señal dada por las trompetas, alzaron sus gritos al cielo. 41 Judas ordenó a unos hombres que combatieran a los que estaban en la Ciudadela hasta terminar la purificación del Santuario. 42 Después eligió sacerdotes irreprochables, fieles a la Ley, 43 que purificaron el Santuario y llevaron las piedras contaminadas a un lugar impuro.
44 Luego deliberaron sobre lo que debía hacerse con el altar de los holocaustos que había sido profanado. 45 Tuvieron la feliz idea de demolerlo para que no fuera un motivo de oprobio, ya que los paganos lo habían contaminado. Lo demolieron, 46 y depositaron sus piedras sobre la montaña del Templo, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta y resolviera lo que había que hacer con ellas. 47 Después recogieron piedras sin tallar, como lo prescribe la Ley, y erigieron un nuevo altar, igual que el anterior. 48 También repararon el Santuario y el interior del Templo, y consagraron los atrios. 49 Hicieron nuevos objetos sagrados y colocaron dentro del Templo el candelabro, el altar de los perfumes y la mesa. 50 Quemaron incienso sobre el altar, y encendieron las lámparas del candelabro que comenzaron a brillar en el Templo. 51 Además, pusieron los panes sobre la mesa, colgaron las cortinas y concluyeron la obra que habían emprendido.
52 El día veinticinco del noveno mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al despuntar el alba 53 y ofrecieron un sacrificio conforme a la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían erigido. 54 Este fue dedicado con cantos, cítaras, arpas y címbalos, justamente en el mismo mes y en el mismo día en que los paganos lo habían profanado. 55 Todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y adoraron y bendijeron al Cielo que les había dado la victoria. 56 Durante ocho días celebraron la dedicación del altar, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de acción de gracias. 57 Adornaron la fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas, y les pusieron puertas. 58 En todo el pueblo reinó una inmensa alegría, y así quedó borrado el ultraje infligido por los paganos.
Institución de la fiesta de la Dedicación y otras medidas
59 Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Quisleu, se celebrara con júbilo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar.
60 En aquel tiempo, levantaron alrededor del monte Sión altas murallas y torres poderosas, para que los extranjeros no vinieran otra vez y lo pisotearan como lo habían hecho antes. 61 Además, Judas puso en él una guarnición para que lo defendiera, y fortificó a Betsur, a fin de que el pueblo tuviera una fortaleza frente a Idumea.

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