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El Libro del Pueblo de Dios

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Job

primer ciclo de discursos
DIÁLOGO ENTRE JOB Y SUS AMIGOS
13Después de un tenso y largo mutismo, Job estalla en una amarga lamentación. Su rebeldía es el clamor que brota de lo más íntimo, cuando un hombre se ve enfrentado con el enigma del sufrimiento. Más que todos los padecimientos físicos lo exaspera el inexplicable silencio de Dios. De ahí su constante apelación a un juicio o pleito con ese Dios que parece tratarlo con la saña de un enemigo. Con tal de llegar a esta confrontación personal con Dios, en la que está seguro de probar su inocencia, Job se declara dispuesto a arriesgar “el todo por el todo” y a poner en peligro su vida (13. 14).
13A este grito de dolor, los amigos de Job responden con una fría exposición doctrinal. Los tres se aferran a la antigua doctrina sobre la razón del sufrimiento: Dios hace prosperar al justo y hunde a los impíos en la ruina. Si Job sufre, algún mal tiene que haber cometido. De nada vale que él se declare inocente. ¡Que reconozca humildemente su pecado, y el Señor no tardará en mostrarle su favor!
13El debate de Job con sus amigos se desarrolla en tres ciclos de discursos, encuadrados entre dos monólogos del protagonista del drama. Los amigos hablan por turno y Job le responde a cada uno. Los interlocutores repiten incesantemente las mismas ideas, endureciendo cada vez más su posición. A pesar de todos los reproches que se le dirigen, Job insiste en afirmar su inocencia. Ninguno de los tres amigos, por su parte, parece haber experimentado el sufrimiento ni comprender que para consolar a un hombre afligido hace falta algo más que recordarle una teoría.
Monólogo inicial: la protesta de Job
3
1 Después de esto, Job rompió el silencio y maldijo el día de su nacimiento. 2 Tomó la palabra y exclamó:
3 ¡Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: “Ha sido engendrado un varón”!
4 ¡Que aquel día se convierta en tinieblas!
4 Que Dios se despreocupe de él desde lo alto y no brille sobre él ni un rayo de luz.
5 Que lo reclamen para sí las tinieblas y las sombras, que un nubarrón se cierna sobre él y lo aterrorice un eclipse de sol.
6 ¡Sí, que una densa oscuridad se apodere de él y no se lo añada a los días del año ni se lo incluya en el cómputo de los meses!
7 ¡Que aquella noche sea estéril y no entre en ella ningún grito de alegría!
8 Que la maldigan los que maldicen los días, los expertos en excitar a Leviatán.
9 Que se oscurezcan las estrellas de su aurora; que espere en vano la luz y no vea los destellos del alba.
10 Porque no me cerró las puertas del seno materno ni ocultó a mis ojos tanta miseria.
11 ¿Por qué no me morí al nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno?
12 ¿Por qué me recibieron dos rodillas y dos pechos me dieron de mamar?
13 Ahora yacería tranquilo, estaría dormido y así descansaría,
14 junto con los reyes y consejeros de la tierra que se hicieron construir mausoleos,
15 o con los príncipes que poseían oro y llenaron de plata sus moradas.
16 O no existiría, como un aborto enterrado, como los niños que nunca vieron la luz.
17 Allí, los malvados dejan de agitarse, allí descansan los que están extenuados.
18 También los prisioneros están en paz,
18 no tienen que oír los gritos del carcelero.
19 Pequeños y grandes son allí una misma cosa, y el esclavo está liberado de su dueño.
20 ¿Para qué dar la luz a un desdichado y la vida a los que están llenos de amargura,
21 a los que ansían en vano la muerte y la buscan más que a un tesoro,
22 a los que se alegrarían de llegar a la tumba y se llenarían de júbilo al encontrar un sepulcro,
23 al hombre que se le cierra el camino y al que Dios cerca por todas partes?
24 Los gemidos se han convertido en mi pan y mis lamentos se derraman como agua.
25 Porque me sucedió lo que más temía y me sobrevino algo terrible.
26 ¡No tengo calma, ni tranquilidad, ni sosiego, sólo una constante agitación!

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