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El Libro del Pueblo de Dios

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Zacarías

15LOS DISCURSOS PROFÉTICOS
15Como el Templo ya comenzaba a resurgir de sus ruinas, una delegación pregunta al profeta si se debe seguir ayunando en memoria de su destrucción. En lugar de responder directamente a la pregunta, Zacarías reprueba el ayuno hecho por puro interés, o sea, con el único objeto de lograr el término de la calamidad nacional (7. 5). En seguida, siguiendo la línea de los demás profetas, dirige la atención hacia algo más importante que el ayuno y que todos los ritos, a saber, la verdadera justicia y el amor al prójimo (7. 9-10).
15La primera parte del libro de Zacarías concluye con una serie de oráculos independientes, pronunciados por el profeta en épocas y circunstancias diversas. Él dirige a sus compatriotas palabras de aliento, para animarlos a reconstruir el Santuario. El Señor colmará de bendiciones a su Pueblo, hará de Jerusalén el centro religioso de toda la tierra y todos los pueblos acudirán a ella para tributar homenaje al Señor. Así Zacarías amplia las perspectivas mesiánicas, dándoles una proyección universalista semejante a la del Segundo Isaías.
La cuestión del ayuno
7
1 El cuarto año del rey Darío, el día cuatro del noveno mes, el mes de Quisleu, 2 Betel Saréser, gran mago del rey, y sus hombres enviaron una delegación para aplacar el rostro del Señor 3 y preguntar a los sacerdotes de la Casa del Señor de los ejércitos y a los profetas: “¿Debo seguir llorando e imponiéndome privaciones en el quinto mes, como lo he hecho durante tantos años?”.
Las lecciones del pasado
4 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 5 Habla a todo el pueblo del país y a los sacerdotes, diciéndoles: Si ustedes han ayunado y se han lamentado en el quinto y el séptimo mes desde hace setenta años, ¿es por mí que han practicado esos ayunos? 6 Y cuando comen y beben ¿no lo hacen por ustedes mismos? 7 ¿No son estas las palabras que proclamó el Señor por intermedio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, rodeada de sus ciudades, y estaban poblados el Négueb y la Sefelá?
8 La palabra del Señor llegó a Zacarías en estos términos: 9 Así habla el Señor de los ejércitos: Hagan justicia de verdad, practiquen mutuamente la fidelidad y la misericordia. 10 No opriman a la viuda ni al huérfano, al extranjero ni al pobre, y no piensen en hacerse mal unos a otros. 11 Pero ellos no quisieron hacer caso: se mostraron rebeldes y endurecieron sus oídos para no oír; 12 endurecieron su corazón como el diamante para no escuchar la instrucción y las palabras que el Señor de los ejércitos les había dirigido por su espíritu, por intermedio de los antiguos profetas. Entonces el Señor de los ejércitos se irritó profundamente. 13 Y sucedió lo siguiente: Así como él llamaba y ellos no escuchaban, así también ellos llamarán y yo no escucharé, dice el Señor de los ejércitos. 14 Yo los esparcí como un torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y el país fue devastado detrás de ellos, sin que nadie fuera ni volviera. De una tierra de delicias, ellos hicieron una desolación.

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